Skip to main content

Full text of "Viajes del presidente : Aragua, Carabobo y Zamora"

See other formats


UNIVERSITY OF NORTH CAROLINA 





s 




o» S 




s 




e> 




s 


BOOK CARD 


0> K 




s 




o> 




!S 




o £ 




= 


Please keep this card ¡n 


O) X 




C 


book pocket 


oí C 




¡= 




a? ñ 




s 




o> 




3 




o> ES 




s 




era S 




s 




o> s 




s 




a> tS 




a 




oí £ 




2 




o> 2 




s 




o.. 2 




s 




O» 2 




z 




O» i. 




s 




o» 2 




a 


CJ 


o> 23 
o> S 


1 L * 


o - 

1~ 


i-' 




, ! " 


o» K 
o» £ 


l—í 


"Z. r 




II 






[ ¡8 
o> 7 


\jj 




s< 






[ 


o> :" 


t"t- 




i "s 








I s 


o.. 


^ 


[ '" 






ir~ 


o» . 


1 


É 


i " 




;'.'•! 




o» '- 


„,f 


_, 


[ • 








0> f r ' 


u? 


ST. 


9 






i 


e> ~ 


|¿3 


¿ 


5 




I 




en i 


i 




'!, 


[ 3 






o> £ 

o> s 


b 




' 






ii . 


o> 5 






1 ? 


1 t 






o> 5 


T 


-= 


« 


I k 






e> 5 


i— < 


._ 













THE LIBRARY OF THE 

UNIVERSITY OF 

NORTH CAROLINA 




ENDOWED BY THB 

DIALECTIC AND PHILANTHROPIC 

SOCIETIES 



F2325 
.C362 
V55 



This book is due at the LOUIS R. WILSON LIBRARY on the 
last date stamped under "Date Due." If not on hold it may be 
renewed by bringing it to the library. 


LIA 1 tL DFT 

DUE RET 


DATE 
DUE 










































































































































Form No. 513 









Digitized by the Internet Archive 

in 2012 with funding from 

University of North Carolina at Chapel Hill 



http://archive.org/details/viajesdelpresideOOsilv 



BIBLIOTECA DE "EL CONSTITUCIONAL" 



# 







& 



ÍO 



5» 












NOTAS de RAFAEL SILVA, 

CORRESPONSAL DE " EL CONSTITUCIONAL " 

Y DESCRIPCIÓN 
DE LAS FIESTAS EFECTUADAS EN EL ESTADO ZAMORA, POR El, 

Dr. L. ALVARADO 



IMPRENTA NACIONAL 
1904 ! 



Y- 



BIBLIOTECA DE "El, CONSTITUCIONAL" 






Y 



» 



5" 







NOTAS de RAFAEL SILVA, 

CORRESPONSAL DE " EL CONSTITUCIONAL " 

Y DESCRIPCIÓN 
DE LAS FIESTAS EFECTUADAS EN EL ESTADO ZAMORA, POR EL 

Dr. L. ALVARADO 

IMPRENTA NACIONAL 
1904 



, I1Bmnil LIBRARY 

IíNIVJlRSITY of north caroltn» 
CHAPEL HILL 



■■;■ 



NOTAS de RAFAEL SILVA, 

Corresponsal de "' El Constitucional " 



/ , / .)) 



y y 



,f 



r tjf 






f 



/ 



# 




7 



r-.:.- t 4MtóMfól IMMtótóM'M'S 



ct,-j 



DE CARACAS A VALENCÍA 

4) 

'mi iiiibrmacidn telegráfica [«ira El Cons- 
§ titucional, hecha diariamente desde las 
poblaciones honradas por la visita del Pre- 
sidente de Venezuela, me releva de la 
revista minuciosa de la última gira, y estas 
líneas, escritas aún bajo el polvo del cami- 
no, pecarán de pobreza en el detalle, por- 
que, á efecto de mayor interés va nuestro 
intento : cual es el de manifestar á los lec- 
tores de este Diario las ventajas derivadas 
del viaje presidencial. 

Castro en viaje, con naturalidad admira- 
ble, se despoja de su gravedad oficial, y es 
entonces el más cumplido y amable compa- 
ñero de excursión. En el túnel del Calva- 
rio el Presidente se metamorfosea, y confun- 
dido con su comitiva, apenas por el respe- 
tuoso homenaje y las atenciones de sus 



8446- 35 



acompañantes se descubre su alta gerarquía 
oficial. El es quien da con su verbo fácil 
y chispeante la nota jovial á la romerías: él 
es quien con fina discreción establece la 
cordialidad característica de las fiestas: él 
es quien abre la llave del entusiasmo gene- 
ral dando expansi 6n á la espiritualidad de 
su carácter; él es quien ameniza mejor la 
monotonía de las marchas, vertiendo su 
Inagotable acervo- de recuerdos con palabra 
íntima é ingenua. 

Pe Antímano á La Victoria, en nuestro 
úlírimo viaje, las impresiones fueron gratas 
corno siempre. Preciso es ser testigo de 
las manifestaciones recibidas por el Presi- 
dente para ver la sinceridad que ellas tienen. 
Ko> es- el cañón de Antímano, ni la cohete- 
nía de Los Teques, ni las músicas de San 
Mateo lo que me dice el prestigio de Castro 
y el cariño de esos pueblos. Es el grito de 
jubilo lanzado en un grupo por fuerza es- 
pontánea del entusiasmo ; es el puñado de 
llores que arroja al Héroe la mano anónima 
de una mujer; es el saludo sin ceremonia 
que un campesino le da al ilustre viajero; 
es el cerco admirativo que le forman hom- 
bres, mujeres y niños, mientras él, ingenuo 
y sin asomo de escrúpulo, se come como si 
fuera un rico manjar palaciego, una de las 
arepas famosas que venden en la Estación 
de Las Mostazas ! 

Mi alma de rústico interpreta el alma 
hermana de esos hombres, de esas mujeres 



y esos niños de la aldea que en cerco ad- 
mirativo rodean al sencillo Pastor del reba- 
ño venezolano. Ellos piensan que el hombre 
nuestro, que el hombre que debe guardar 
nuestros derechos, es ese hombre fuerte y 
sano de espíritu que rio tiene á menos el 
bajar con sus laureles y sus glorias á la es- 
tera última de sus conciudadanos, para ha- 
blar con ellos amigablemente, para ver sus 
miserias y dejarles junto con el bálsamo de 
su fe, el recuerdo material y consolador de 
la dádiva que no afrenta. 

Así viaja Castro de Caracas á La Yicto- 
ria. Y en esta ciudad ¿ como lo reciben y 
como 1 letra él? 

Suplirá á toda reseña esta paráfrasis que 
hago y que confirmarán todos : La Victoria 
es un hogar del General Castro, en donde 
vive, casado con la popularidad, su hijo 
mayor el General Alcántara. 

Los enemigos de Castro pueden vivir en 
cualquier parte, menos en La Victoria, Cuan- 
do él llega á la espiritual ciudad, los Victo- 
rianos salen á recibirlo como á un padre 
querido después de una larga ausencia, 

Después del viejo Alcántara nadie más 
querido que él en La Victoria. La Muni- 
cipalidad de allí lo llama Hijo, pero todos 
le respetan como padre. 

En su última estada, por Castro se sus- 
pendieron las transacciones mercantiles; por 
Castro hubo allí una numerosa población 



notante, entusiasmada y bulliciosa ; por 
Castro se dio un baile famoso en el Palacio 
de Gobierno; para Castro tuvo ofrendas la 
sociedad, homenajes la oratoria y burras y 
aplausos la multitud. 

Tres días pasó allí el Presidente. Y cuan- 
do nos fuimos, gracias a Dios (pie habíamos 
de volver á la ciudad amada! Gracias á 
Dios que íbamos á Maracay, donde el bra- 
vo General Gómez, ha monopolizado tam- 
bién todas las voluntades ! En su hosar, 
que su hidalga familia llena de alegrías y 
dulzuras, se hospedo el Presidente. 

Entre las diversiones principales que hu- 
bo allí, fuera del baile realizado á pesar de 
las impertinentes lluvias, hay que anotar 
los desafíos de gallos que se efectuaron du- 
rante las fiestas. 

Dicen los que deben saberlo, que pocas 
veces corrió como entonces el oro, por ga- 
lleras y cantinas. 

La Paz es primavera que llena de flores 
de oro la bolsa del trabajador, y aquel di- 
nero que allí circulaba era el dinero del 
trabajador, quien holgado en su presupues- 
to, iba á jugar una vieja onza de Carlos Y, 
á la pata de su gallo, ó á invertir en gene- 
roso y alegre brindis el refulgente pachano 
ganado sin temores en la faena de los cam- 
pos, atento al brote de la siembra ó al cui- 
dado sin recelo del rebaño. 

Pero tampoco ese derroche de oro y ale- 
gría basta á probar el prestigio de Castro. 



A mí me parece que tiene mucho más 
elocuencia esta anécdota : 

Un gallero tiene en sus manos un pollo 
que pronto va á pelearlo. 

Sus adversarios creen segura la victoria, 
y lo proclaman en voz alta. 

El gallero, un campechano montañés, 
<?ome oreja, como dicen los jugadores, y 
duela de la raza de su gallo. 

Cazan la pelea. 

El Presidente está en la gallera, presen- 
ciando el sport nacional. 

El gallero campechano es invitado á 
echar los gallos. 

El, que empieza á temer, 4e dice a su 
adversario: — Espérese, compañero, que voy 
á bautizar este bicho. Y sin más pensar 
se pone frente al Presidente y sin previo 
«aludo le dice : 

— General : pásemele la mano á este po- 
llo, j )a que gane. 

Castro coje en sus manos el animal, lo 
acaricia y lo devuelve al gallero, quien lo 
suelta en la arena gritando : 

— Pica, gallo pinto, que vas bautizan! 

Comienza la riña, y después de varios 
minutos de combate, el gallo pinto sale ven- 
cedor en la contienda. 

Eso es insignificante, pero en el crédulo 
espíritu rural, eso ejerce poderosa influencia. 



Castro en una gallera, haciendo ganar Ios- 
gallos; Castro paseando la población sin 
más guardia que el cariño de sus amigos ; 
Castro subiendo á pie el Calvario de Mara- 
cay, sin ningún acompañamiento marcial ; 
Castro haciendo desde ese Calvario el más 
exaltado elogio de la belleza de Maracayá 
apreciable sólo en aquella altura, se hace 
dueño de todas las voluntades porque así 
se roza con el pueblo, trata con el, y ya se 
sabe que la mitad de los odios humanos 
existen por las distancias que mantienen 
las gentes entre sí. 

«Unión, unión» dijo el Genio, y unión 
es, hasta el urbano saludo, hasta la leve' 
cortesía que demanda á todos la ley de la-. 
cultura. 

De Maracay salimos como de La Victoria, 
arrancados por la fuerza del itinerario. 

Y camino de Valencia, mientras el Ex- 
preso corre por las verdes llanuras, y Elio- 
doro sirve á los viajeros un helado bajo el 
sol cálido, recordamos la Plaza Militar re- 
cién abandonada; sus soldados nostálgicos 
de la pelea á que estaban acostumbrados; 
la Plaza de paseo, tan bella; y aquella casa 
del General Gómez, asilo franco del cual se 
quiere ser huésped perpetuo. Y de Mara- 
cay á Valencia, en cada Estación una 
ovación. 

Varias comisiones vienen de Carabobo á 
presentar sus respetos al Jefe; el Club «Cen- 
tro de Amigos», y la Cámara del Comercio 



envían delegaciones; gente oficial nos em- 
pieza a recibir desde San Joaquín: allí 6 en 
Guacara se malogra, por tardío, un discur- 
so. Valencia se aproxima, y empieza a 
llover. 

— Entraremos lloviendo — dicen los pesi- 
mistas. 

Otro dice: lloverá hasta que lleguemos 
á Camoruco. Este habló como profeta. Al 
llegar á las cercanías de Valencia, el cielo 
se viste con su más puro azul, y el so), pá- 
lido como un cirio, alumbra la ciudad hú- 
meda y sucia por cuyas calles la multitud 
discurre alegremente, dando vivas al recién 
llegado. La antigua aristocracia carabobe- 
ña desde sus balcones saluda cariñosamen- 
te al andino glorioso, y mientras la vieja 
ciudad se entrega á sus efusiones, yo voy á 
la humilde cueva de los míos á saborear 
entre añoranzas y cariños el pobre pan que 
la familia untó con miel más dulce que el 
panal de Himeto. 



II 

DE VALENCIA 1 TL> T AQUILLO 



|n una de sus últimas improvisaciones 
^ hacía el President de Venezuela reme- 
moración de los días angustiosos de la gue- 
rra, y arrebatado por la inspiración dijo á 
sus oyentes : «me explico por que entonces 
se me combatid No se me conocía, no se 
-conocían bien los ideales de la Restauración». 
Valencia, cuando un día tuvo reservas 
de mujer voluntariosa para con el Caudillo 
del 99, no lo conocía. 

A las puertas de la ciudad orgullosa, el 
guerrero llego envuelto entre la humareda 
-de un combate. Bajo el pánico del desas- 
tre de setiembre paso el vencedor por sus 
calles solitarias. Cuando habló á un grupo, 

la mayoría de ese grupo no podía oír 

Los (pie lo oímos lo seguimos. Castro salió 
de Valencia, y no fue legión la que de allí 
salió con él. No le conocían todos. Un 
año después, todavía aquella gente estaba 
atónita ante los últimos sucesos. — Por aquí 
pasó, decían, como si hablaran de un fan- 
tasma. 

Y en Valencia vivía la multitud sin 
amor y sin odio para Castro. 



II 



Castro volvió á Valencia. Les hablo de 
sus proyectos, les dijo de sus propósitos, y 
como un día había entrado á la ciudad, 
entro ahora en las conciencias, abriendo 
brechas en ellas con su verbo agudo y 
brillante como una espada. 

Hoy, «Valencia es Castro», ha dicho uno 
de los periodistas carabobeños. 

Y yo he visto á la orgullosa ciudad, 
recibiendo alborazada al Andino heroico; 
he visto a lo mas alto de su representación 
social, invadiendo el hospedaje del soldado 
triunfador, y como arrepentido de su ins- 
tante de vacilación, he visto al pueblo 
vertiendo á su paso el estruendoso torrente 
de sus aplausos. 

Más que Tocuyito ha sido esta victoria! 

En nuestro último viaje en el Club «Cen- 
tro de Amigos» se le da una fiesta hermosa 
á la cual concurre lo más granado de la 
sociedad ; la Cámara de Comercio, le ofrece 
en la Quinta del señor Ernesto L. Branger 
un Pic—nic que es el agotamiento de todas 
las exquisiteses ; el Colegio de Lourdes hace 
en su honor un festival que es un poema 
de pureza y de candor; la Representación 
política del Pueblo, bautiza con el nombre 
de su Causa el Puente principal de la 
ciudad; en el Teatro Municipal se hace una 
velada en honor suyo, y canta un poeta una 
de sus efemérides de gloria ; de las ciudades, 
pueblos y caseríos vecinos vienen delega- 
ciones á presentarles sus respetos; Puerto 



12 



Cabello lo llama para agasajarlo; Nirgua 
le pide el honor de una visita; la Prensa 
del Estado lo colma de adjetivos lisonjeros; 
y cuando sale de Valencia, camino de San 
Carlos a donde va en romería, lleva una 
cariñosa escolta de cien caballeros que lo 
acompañan hasta Tocuyito, una cumbre 
de su gloria militar. 

Valencia, ya conoce a Castro, y «lo res- 
peta porque es grande, y lo quiere porque 
es bueno». 

Los remisos de ayer son sus fanatices 
de hoy. 

Aquella reserva 'era natural: el mismo 
Castro lo comprende. 

— Yo soy el camino, la verdad y la vida, 
decíale Jesús a las turbas galileas. 

— Yo soy la salvación de la República, 
dijo el General Castro. 

Y la multitud lo siguió. 



Con una mañana hermosa llega el Pre- 
sidente á Tocuyito. 

¿Y á quién ha de extrañar ese regocijo y 
esas galas que alegran el pueblo en cuyas 
cercanías hubo un 14 de setiembre ? 

Y ese banquete lleno de ricos manjares, 
y ese discurso lleno de ricos pensamientos, 



13 



todo para Castro, acaso no son un merecido 
regalo? 

Y allí el Héroe hace recuerdos ; y ahora 
en paseo triunfal atraviesa de nuevo la 
sabana donde cinco años atrás peleo au- 
dazmente; pasa luego por Carabobo evo- 
cando sombras de grandes guerreros, cuya 
grandeza no le produce envidia ; detiene 
su caballo con respeto ante la columna 
levantada en honor de los Padres de la 
Patria ; marcha como guerrero ; hace des- 
canso y merienda de guerrero, y cuando el 
sol se inclina, hace su entrada en Tinaqui- 
11o entre un séquito de la más distinguidas 
personalidades del lugar ; entre un pueblo 
que anhela conocer al hombre cuya fama 
se ha extendido por América y*Europa. 

Y entre banderas que ondean, y músicas 
y voces; entre arcos triunfales que tienen 
en sus curvas escrito el sentimiento de la 
población, el Presidente entra como en 
propio hogar, á la casa de los hermanos 
Rottondaro, italianos ele Venezuela, que un 
día rechazaron una acreencia á su favor 
porque la suponían dañosa para ésta su 
patria de adopción. 

La misma noche de nuestra llegada á 
Tinaquillo la espiritual y culta ciudad 
empezó á manifestar sus simpatías al Pre- 
sidente. 

La casa de los hermanos Rottondaro con 
ser espaciosa estaba llena de visitan bes. 



14 

Luis Genaro Muñoz en nombre de la 
concurrencia y de la población, saluda en 
elocuente discurso al recienllegado; el cham- 
paña ríe en las copas y alimenta el fuego 
de la natural alegría; la música llena de 
cadencias los salones; Castro hace una im- 
provisación llena de ardiente entusiasmo ; 
llama hermanos á sus amigos; devuelve 
con cariñosas palabras los elogios del orador 
popular, y cuando todos pensamos reposar 
de las fatigas de la marcha, el General de 
Hierro responde á" una galante invitación 
social yendo á una fiesta íntima, donde se 
baila hasta la una de la madrugada. 

De Tinaquillo tenemos vario y grato 
material papi estos apuntes. Y consagra- 
ríamos luengo párrafo á nuestros recuerdos, 
si no fuera que la jornada general es larga. 

En Tinaquillo fue donde María Teresa 
Mijares, María Hidalgo y Consuelo Silva, 
adorable trinidad de belleza y talento, con- 
sagraron al Héroe la dulce floración de sus 
pensamientos, en tres discursos que ya ha 
publicado El Constüucio?iaI; en Tinaquillo 
fue donde el Padre Chirivella León dio, 
bajo las bóvedas del templo su saludo al 
bienvenido, cantando luego un Te-Deum 
en.su honor; allí fue donde Castro dijo, no 
como un soldado, sino como un manso 
enviado de Dios : «Señores, vengo á traeros 
mi corazón!)); allí aquel baile dado en la 
residencia de la señora viuda de Mijares, 
baile en el cual todo fue selecto, desde la 



r5 

decoración del local, hasta la concurrencia 
de damas elegantes y espirituales, tan gen- 
tiles en la danza, tan cultas en la caúseme 
de salón, tan bellas en su natural y púdica 
sencillez, que yo por dentro sentía un ine- 
fable baño de frescura, y andaba orgulloso- 
de ver la gente de mi región en el mismo 
nivel de centros que suponen por ellos 
monopolizada la propiedad del buen tono. 

Antes de abandonar á Tinaquillo, yo 
quería robar al cielo sus estrellas para 
formar otra vía láctea hasta donde fuera 
mi fatigado pegaso, para luego por ese 
luminoso camino, devolver el Pegaso de mi 
pensamiento hasta llegar á la hospitalaria 
población en uno de cuyos jardines floreci- 
dos viví un minuto de ilusión.*.... 

Al hablar de Tinaquillo la justicia manda 
consignar aquí el nombre de Joaquín 
Olivo. 

Mientras los Eottondavo atendían al 
Presidente y algunos de sus íntimos, Joa- 
quín Olivo se multiplicó para atender al 
(jrueso del ejército, y creo que ninguno délos 
colaboradores olvidara aquella mesa servida 
por manos angelorum y aquel hogar lleno- 
de amabilidades, en donde el pan tenía 
dulzuras de panal. 

Salimos de Tinaquillo como A lán del 
Paraíso. 

A los primeros claros de la mañana di- 
jimos los últimos adioses. 



i6 

El General Alcántara, Presidente de 
Aragua, que fue nuestro compañero desde 
La Victoria, se volvió de allí. 

Con doble tristeza salimos, y por el 
camino pintoresco que empezaba á ilumi- 
nar la aurora, la alondra triste de nuestro 
pensamiento iba cantando sotto-voee la 
copla leyendaria de Matías Salazar: 

Adiós muchachas bonitas 
del pueblo de Tinaquillo! 






III 

DE TI MAQUILLO Á TINACO 



ior las llanuras de Pegones que el sol 
°<5 naciente baña de áureos esplendores, 
cruza a galope tendido la caravana restau- 
radora. 

Una brisa fresca y fragante sopla del 
Norte. La yerba de la sabana, gracias á la 
primeras lluvias de j unió, vuelve á verdear, 
y es la sabana como una alfomjbra en cuya 
muelle y perfumada verdura, pastan las 
vacas de ordeño de la vecina población, cu- 
ya Iglesia todavía nos señala con su altísi- 
ma aguja el noble pueblo de Tinaquillo. 

Hay un momento en que el Presidente 
deja atrás toda su comitiva, y allá, solos 
por el llano desierto, se ve á dos jinetes 
como persiguiendo á un enemigo invisible ; 
aquel, el del caballo amarillo, cuya arábiga 
pupila se dilata lánguidamente por el ho- 
rizonte, aquel hombrecito con cuya fisono- 
mía y audacia se puede ser jefe de guerreros 
musulmanes, es Castro ; el otro, fuerte como 
un centauro llanero del año 21, es Juan 
Yicente Gómez. Todavía piensa este hom- 
bre que su amigo puede correr un peligro, 



y va apareado con Castro, orgulloso de 
pensar que otra vez puede ser «el salvador 
del salvador!)) 

Dejamos la sabana, y el camino va cos- 
teando la serranía con ondulaciones ser- 
pentinas. Viajamos como encampana. Ei 
barrizal grecloso donde la bestia unde el 
casco más de un jeme : el sucio pantano que 
la muía marraja quiere vadear, los salva de 
un tirón la cabalgata restauradora. Y así 
marchando pasamos el río donde termina 
Carabobo y donde un arco triunfal' con el 
retrato de Castro y el del «Valiente Ciuda- 
dano)), nos dice que estamos en el Estado 
Zamora. Poco después una colietería estalla 
en el aire diáfano y fresco. Son las 8 de la 
mañana. Con un grito nacido en el cora- 
zón un colaborador grita: Tamanaco! 

Allí, con el Presidente de Zamora, el 
activísimo y caballeroso General Aquiles 
I turbe, está Salvador Barrete el joven 
General 2 ? Vicepresidente del Estado; el 
Doctor Guillermo Barreto Méndez, Gober- 
nador de la Sección Cojedes; el General 
Briceño, Comandante de Armas; mu chas 
otras personalidades de Zamora, y una 
porción de jinetes á quienes falta sólo la 
típica lanza paezina para simular un for- 
midable escuadrón en campaña. 

El General Castro prodiga entre aquella 
gente, todo el oro de su generosidad. Les 
habla como á viejos camaradas, y mientras 
en una larga mesa se sirve un arzobispal 



19 

•desayuno para cincuenta personas, el Pre- 
sidente dialoga con sus nuevos amigos ; el 
General Gómez, francote como siempre, se 
rodea de sus viejos conocidos en las guerras, 
y en charla íntima estudia la topografía de 
aquellos lugares, consecuente con su espí- 
ritu marcial. 

De pronto una voz autorizada exclama : 
«Señores : la pelea es peleando !» Y al desa- 
yuno arzobispal se le hacen los honores, 
militarmente. Y tras breve pausa volvemos 
á emprender la marcha. 

De Tam anaco se trae el Presidente un 
regalo llanero que le hace F. Ruiz. 

En todas las chozas del camino hay una 
bandera que bate alegremente su ala tri- 
color. En los caseríos, se hacen rústicos 
adornos para el paso del Jefe del País. 

De un bohío sale á veces una viejecita 
que verá acaso por primera y última vez al 
joven glorioso. Los chiquillos miran atónitos 
la caballería que pasa, y uno se esconde 
gritando : AJií viene la guerra! 

Md, inocente criatura ! Esto es la paz. 
Ese hombre que veis pasar á la cabeza de 
otros hombres, no es la guerra, es la paz! 
Ese hombre odia la guerra, y algún día, tú 
mismo, cuando seas mayor, harás que tus 
hijos bendigan su nombre, porque tu feli- 
cidad de entonces la inicia él desde ahora, 
acabando precisamente con la guerra ! 

Al llegar á Vallecito, el General Castro J 
■su comitiva hicieron alto. El Presidente 



20 



cambió de bestia, tomó un refresco popular, 
y seguimos escoltados por la numerosa ca- 
ballería engrosada en Valleoito. 

Fue poco después cuando se dijo la ex- 
presiva frase del llanero, de la cual se habló 
mucho en Zamora. 

Consagremos un párrafo á aquella ex- 
presión : 

El General Castro salió de Yallecito en 
su fino y rápido caballo de silla. 

Entre los quinientos jinetes nadie tan- 
bien montado como el. Y en cambio, íba- 
mos allí algunos, que merecíamos com- 
pasión. 

Compañero mío en una trocha vulgar iba 
un llanero, auténtico, de esos que usan' 
garrasí, mascan tabaco y llevan bajo la 
camisa de warandol una asenta catalina» de 
á tercia. 

Por más (pie yo chaparreaba furiosamente 
mi fíacuchento caballo rucio mosqueado; 
por más que mi compañero golpeaba te- 
rriblemente con el desnudo talón los ijares 
de su potro castaño, la distancia entre 
Castro y nosotros se alargaba, El Presi- 
dente iba allá, bebiéndose los vientos, y el 
llanero que lo miraba con mirada triste 
exclamó dirigiéndose á otro de sus amigos: 
«Compañero, pa podé vé d ese hombre vamos 
á tené, que enlázalo!» 

Poco después llegamos á la ciudad de 
José Laurencio Silva. Cedo la palabra á 



21 



El Eco de las Pampas para que él diga 
nuestra llegada : 

«A las 10 y cuarto entro al Tinaco que 
lo esperaba con los brazos abiertos, con una 
escogida orquesta, y adornado con sinnú- 
mero de banderas de la Patria y de arcos 
alegóricos con pensamientos dignos de tan 
honorable huésped ; recorrió la población y 
se desmonto con su distinguida comitiva 
en la hermosa casa del General Salvador 
Barreto. A la 1 p. m. tuvo lugar el ban- 
quete compuesto de cien cubiertos ; y ya 
para terminar tomó la palabra el estimable 
joven y amigo nuestro, Jesús M. Blanco; 
su discurso fue oportuno y tan acertado que 
mereció el aplauso del Jefe y de la inmensa 
concurrencia. En seguida el (general Castro, 
con esa habilidad ingénita en él, contestó 
al amigo Blanco desarrollando pensamien- 
tos sublimes que el auditorio sin poderse 
contener interrumpía sin cesar con prolon- 
gados aplausos. Dijo entre otras cosas : que 
.su corazón era del pueblo y (pie si algunos tío 
lo habían seguido en sus propósitos era por- 
que no lo habían conocido, que venía d con- 
fundirse entre nosotros para probar (d inundo 
entero que habían terminado para siempre las 
guerras civiles. Al concluir el General Castro 
su discurso, el Doctor Aquiles Iturbe brindó 
por Castro de quien dijo: que era el único 
caudillo que había tenido la América después 
de la Independencia que i podía parangonarse 
con los Jefes de las dos grandes hegemonías 
del Continente americano, colombiana y ar- 



22 



gentina, Bolívar y San Martín, y que coma' 
ellos, era digno de recibir los homenajes de los 
pueblos tributados á sus hazañas bajo el arco 
del Ecuador. Brindo por la Cansa Liberal 
Restauradora fundada por nuestro ilustre 
Jete, de la cual dijo que: no lleva en sus 
banderas inscripciones fabulosas para ame- 
drentar á nadie, pero que su fundador y sus 
adictos llevan en sus corazones los estímulos 
del trabajo y el reconocimiento justic aro para 
las nobles virtudes; y brandó también por el 
General Gómez y el Doctor Torres Cárdenas, 
colaboradores distinguidísimos del gran Cau- 
dillo. Estas frases fueron calurosamente 
aplaudidas por todos los asistentes. 

Por la noche hubo un ensayo que se con- 
virtió en espléndido baile que duró hasta 
las 2 de la madrugada. A las 11 a. m. del 
10 se dio principio al pie— nic en la casa 
de la señora Eita Arana de Lima, termi- 
nando la fiesta de ese día con el gran sarao 
en la misma casa». 

De estas apuntaciones, en vano intento- 
sustraer la nota personal. Pero ¿cómo ha- 
cerlo, si unidos á aquellos lugares están mi 
juventud y los mejores recuerdos de mi 
vida? 

En ese Tinaco (pie visitamos, pasaron los 
días más hermosos de mi niñez, y ahora 
agasajado particularmente por hombres pú- 
blicos que fueron mis compañeros de es- 
cuela, debo consignar en estas líneas un 
voto de gratitud para los que me abrieron. 



allí los brazos, 6 el hogar á cuyo amable 
rescoldo recibí atenciones que no olvidare 
jamás. 

El día 11 á las 7 de la mañana salimos 
de El Tinaco, y por el mejor camino de toda 
la jornada, hizo rumbo á San Carlos la 
cabalgata presidencial. 

Demos reposo a la pluma un instante, y 
preparemos el ánimo en cívico recogimien- 
to, que vamos á entrar en San Carlos de 
Austria, la vieja ciudad conventual, tumba 
de Ezequiel Zamora, y centro en días glo- 
riosos para Venezuela de una aristocracia 
secular. 



IV 

EN SAN CARLOS 



.l 11 de junio en la mañana entraron á 
San Carlos el Presidente de la Repú- 
blica y su comitiva. 

En la antigua Plaza de Altagracia, a la 
entrada de la población, el Doctor José 
Manuel Montenegro, Secretario General del 
Estado salupló con el torrente de su verbo 
al distinguido huésped. El Ero de las Pam- 
pas, tuvo la suerte de recoger el espíritu de 
su discurso en estos párrafos : 

((Después de haber manifestado el Doctor 
Montenegro que hacía uso de su palabra 
inelocuente, pero patriota á nombre de la 
Junta Directiva de la recepción del General 
Castro, á nombre y en representación de los 
altos Poderes del Estado y á nombre y en 
representación del noble pueblo zamorano, 
manifestó las inefables alegrías con que 
estos pueblos recibían al Benemérito Ge- 
neral Castro; y en bien sentidas frases, 
supo interpretar el amor y la gratitud de 
los zamoranos por el esclarecido Jefe del 
País, el que delineo con sus rasgos más 
característico como fundador de la Paz de 



25 

la República, como Libertador del Territo- 
rio patrio durante las ambiciones y el con- 
flicto por que atravesamos el año pasado y 
como restaurador de las instituciones del 
país. Al hablar de la visita del General 
Castro á este Estado expuso, con la con- 
ciencia y propiedad del que sabe lo que 
afirma, que en esto obedecía el General 
Castro, no tanto á una aspiración de su 
alma, sino al cumplimiento de un deber, 
augusto ; puesto que tanto los reyes en las 
monarquías como los Presidentes en las 
Repúblicas estaban forzosamente obligados 
á visitar el territorio patrio, para recoger 
en cada región las impresiones y las nece- 
sidades de cada ciudad y de cada pueblo ; 
y al tornar á la mansión Capitalina llevar 
la evidencia objetiva de lo que es necesario 
hacer para encauzar á la Nación por las 
corrientes de su progresó material y de su 
prosperidad futura, 

Al hablar de la nueva reconstitución del 
País, dijo que el grande Estado Zamora al 
reaparecer en el pro^caiiio dü l.i Historia se 
mostraba rico en territorio, rico en hombres 
y rico en gratitud para con el General 
Castro, y que esa gratitud habrían de con- 
firmarla los hechos en medio de las infini- 
tas vicisitudes que pudieran sobrevenir». 

El orador fue justamente aplaudido. 

Después qua hubo terminado, siguió mar- 
cha el Presidente, y por ia ancha calle em- 
banderada, el Jefe del País entró en el cora- 



26 

zón de la ciudad con la pompa de un 
conquistador, entre el formidable rumor de 
una apoteosis popular. Y de las viejas casas 
salían mujeres jóvenes para ver al hombre 
nuevo; sobre las antigüísimas arquitectu- 
ras como rlores sobre una ruina se coleaban 
los niños para contemplar al recienvenido, 
y los veteranos federales que besan todavía 
la mesa en que expiro Zamora, allí estaban 
anhelosos de ver de nuevo un valiente cuya 
especie suponían ellos extinta desde el 10 
de enero de 1860! 

Vivas, músicas, cohetes y campanas, sue- 
nan en todas partes. 

En un arco triunfal, bajo un retrato del 
Padre de la Patria se lee : 

((Bolívar: descansa en paz, que Castre* 
vela por tu gloria. » 

La ciudad habilita sus taciturnos casero- 
nes para la gente que la invade, y por las 
calles repletas apenas puede el Presidente 
arribar á la casa del Doctor Luis Fraino 
donde se le ha preparado un confortable 
hospedaje. 

Apenas llega, 13 niñas que representan 
los 13 Estados de la Union, echan sobre él 
todas las ñores de los jardines sancarleños, 
y cantan emocionadas el Himno de la Pa- 
tria, lírica fuente inagotable de impresio- 
nes patrióticas. Luego María Antonia Lia- 
mozas, la (pie representaba a Zamora, des- 
de la candorosa cumbre de sus 13 años, 
vierte sobre la frente del Magistrado un 



27 

puñado de ñores del pensamiento, eon tanta 
garcía, que el Magistrado la levanta en sus 
brazos hasta juntar con sus laureles los ri- 
zos ondulantes de la virgen. 

Lola Pérez, quien represento al Táchira, 
tuvo también para Castro la joya de un 
verso, labrada por el poeta Carlos Mauricio 
Pérez. 

Mientras el ilustre viajero reposa, y el 
General Gómez con sus amigos va a la 
gallera, después del exquisito almuerzo; 
mientras llega la hora de los toros coleados, 
el ilustrado Doctor Montenegro, será nues- 
tro cicerone por la ciudad, que el Doctor 
Torres Cárdenas á ella unido por recuerdos 
de familia desea conocer. • 

Vamos á la iglesia Principal, austera y 
grande, llena de antigüedades y oigamos 
luego del docto anciano leyendas y episodios 
que él sabe con lujo de detalles. 

(Y después, en tanto cierra la noche, va- 
guemos solos, con nuestro joven espíritu, 
por la villa histórica y vetusta, queriendo 
adivinar en cual de aquestas ventanas, lle- 
nas ahora de yedras y de zarzas, dijo hace 
treinta años á mi madre el autor de mis 
días, su primera palabra de amor! Busque- 
mos el sitio en que aquellas dos almas en- 
sayaron sus idilios de ternura, y de rodillas 
elevemos una oración por su descanso per- 
petuo en el seno de Dios ! Y al abandonar 
el lugar donde fueron venturosos, hagamos 



28 



florecer en él la milagrosa flor del recuerdo 
con una pura lágrima filial ! ) 



V V 



Las fiestas del día 12, empezaron con 
una fiesta cristiana de la cual tienen noti- 
cia los lectores de El Constitucional. Fue 
aquel Te—Deum solemne donde el Presbí- 
tero Leopoldo Lima pronuncio aquel dis- 
curso publicado en este Diario. 

El Eco de Jas Pampas, dice de aquel acto 
lo siguiente : 

«A las 8 y media del día 12 tuvo lugar 
el Te-Deum en la Iglesia Matriz, precedido 
de una plegaria cantada admirablemente 
por el renombrado tenor Don Andrés An- 
tón y de una oración sagrada pronunciada 
elocuentemente por el ilustrado y erudito 
orador Presbítero Doctor Leopoldo Lima, 
cuyo discurso aparece publicado en colum- 
nas ele honor de El Constitucional. Esa 
importante ceremonia fue celebrada por el 
Vicario de esta ciudad, Presbítero Doctor 
Regino Cuba, acompañado de los curas 
párrocos del Posario, Acarigua, Ospino y 
Barinas. Asistieron á ella el Presidente, 
Vicepresidente y Secretario General de la 
República ; el Cuerpo de Edecanes, Presi- 
dente, Primero y Segundo Vicepresidentes, 
Comandante de Armas de Zamora ; Secre- 
tario General ; los Gobernadores y sus res- 



2 9 

pectivos Secretarios de las Secciones Coje- 
des y Portuguesa, el Secretario de la 
Sección Barinas, el Ilustre Concejo Muni- 
cipal y empleados de esta capital, el Doc- 
tor Rafael Revenga, Doctor Carlos León, 
General Graciano Castro, General Ángel 
Carnevali Monreal, Rafael Silva, represen- 
tante del Ministro de Guerra y de El 
Constitucional, Manuel González, Telegra- 
fista del Presidente de la República, Gene- 
ral Jorge lisiar, hijo, Antonio Pimentel, 
Felipe Casanova, Eugenio Branger, General 
Juan de Mata López, Jefe Civil del Distrito 
Falcón, los representantes de todos los 
Distritos y gran número de damas y 
caballeros». 

Después del Te-Deum la Municipalidad 
fue a la residencia del Presidente a presen- 
tarle el Acuerdo por el cual aquella Ilustre 
Corporación lo hace su Hijo Benemérito. 

Y fué entonces cuando el General Castro 
hizo lamas brillante efusión de sus grandes 
sentimientos en una improvisación en ex- 
tremo halagadora para los sancarleños. 

En esa misma ocasión Menotti Fraino 
ofreció al Presidente á nombre de la Direc- 
tiva de fiestas anteriores, un cuadro con 
un buen retrato del General Castro. 

Terminabas estas expansiones cívicas 
empezamos a prepararnos para el baile 
de la noche, gastando las horas de la tarde 
entre el espectáculo de la gallera y el sport 
de los toros coleados. 



3o 

Y en la noche á las 9 y media, ya en la 
casa del baile, había bastante motivo pava 
aplaudir la elegancia y el buen tono, la 
harmonía y la cordialidad. 

La casa de los hermanos Fraino estaba 
esplendorosa. Ramón Méndez Figueredo, 
un talentoso mecánico pampero hizo una 
luz para esa fiesta, clara como el sol, y los 
sancarleños todos se empeñaron en que 
ninguno de los viajeros al ausentarnos 
dejáramos de alabar sus cariñosas atencio- 
nes é hidalguías. 

El General Castro salió muy bien impre- 
sionado de la cultura sancarleña. 

Cerca de las cinco de la mañana termine) 
aquella fiesta, y en seguidas, el 13, arre- 
glando equipajes, todavía vagaba por nues- 
tros oídos, la última cadencia del último 
vals ! 

A las 3 de la tarde debemos regresar. 

Yo, encariñado ya con aquella ciudad 
que desearía volver á ver en su grave quie- 
tud normal, digo adiós á. sus ruinas como 
un hijo á su madre, y todavía pienso en sus 
calles largas, en sus iglesias tristes, y en su 
gente hospitalaria, con una dulce y patrio- 
tica melancolía. 

San Carlos! Tú dices á mi pensamiento 
muchas cosas. Tú señalas la primera caída 
•de nuestro Pueblo, nazareno injuriado por 
la estúpida ceguedad de las turbas ! Pero 
espera. Espera confiado en el milagro de 
la restauración ! 



4p 



v 

DE SAN CARLOS Á CARACAS 



Toara describir nuestro retorno de Zamora, 
<f Carabobo y Aragua, podría repetir con 
lijeras variantes las apuntaciones que lie pu- 
blicado, pues á nuestra vuelta, el Presiden- 
te fue objeto de idénticas manifestaciones 
de simpatías, en Tinaco, Tinaquillo, Tocu- 
yito, Valencia y pueblos de Aragua. 

En El Tinaco, la noche de nuestra llegada, 
la animación popular se mantenía en el 
mismo grado de entusiasmo, v la sociedad 
tinaquera, se reunió ele nuevo en la casa de 
la señora Arana, y un baile improvisado al 
calor de la cordialidad se llevo á efecto. 

Un viajero extraño que hubiera llegado 
súbitamente á aquella población, no habría 
podido sospechar que en aquella reunión es- 
taba el Presidente de Venezuela. ¡ Qué inti- 
midad, que simpática familiaridad en todo ! 
No se veía por ninguna parte el más leve 
aparato oficial. Ei Presidente, el Vicepresi- 
dente, el Secretario General, y todas las per- 
sonalidades políticas y sociales de Tinaco 
estaban allí como en tertulia muy de con- 
fianza, y á pesar de las fatigas de la marcha, 
íiun cuando teníamos que seguir al amane- 



cer, la fiesta íntima se termino á la media 
noche, y acaso el ostensible amago de un 
aguacero llanero fué el motivo de la despe- 
dida, pues la tertulia tenía todos los alicien- 
tes para esperar, entregados á ella, la hora 
crespuscnlar de la partida. 

El Presidente con dos de sus amigos se 
despidió á la doce de la noche. 

A las seis de la mañana del 14 salimos 
de El Tinaco, y puesto el pensamiento en 
Tinaquillo con ansias cariñosas, el Presiden- 
te y su comitiva salimos en varios grupos. 

El viaje de Tinaco á Tinaquillo lo hizo 
el Presidente acompañado solamente del 
General Gómez y de tres amigos más. Des- 
contando el rato que pasamos en Tamanaco 
para darle reposo á nuestras cabalgaduras 
y tomarnos un sencillo refresco, las nueve 
leguas pamperas que separan las dos po- 
blaciones, las corrimos en tres horas. 

En esta jornada tuvo origen mi telegrama 
á este Diario, en el cual decía cerrando una 
información: seguirle á Castro el vuelo de 
sus ideas, es tan difícil como seguir el paso 
de su caballo por las pampas que acabamos 
de recorrer! 

En las sabanas de Pegones varios desta- 
camentos de caballería esperaban al Presi- 
dente. Gente del Gobierno, de la Iglesia, 
de la sociedad y del pueblo tinaquillero 
venían a recibir al Magistrado. 

Y fue solemne y hermosa la entrada al 
pueblo histórico. Tinaquillo recibid á Castro 



con un alborozo que el Presidente no olvi- 
dará jamás. 

Volvemos á nuestras casas, paladeamos 
otra vez el almibararlo pan que nos brinda 
aquella buena gente ; y mientras la Munici- 
palidad da un Acuerdo por el cual concede 
al Presidente el título de Hijo Distinguido 
del Distrito Falcón ; por otra parte se pre- 
paran unos toros coleados, y la culta sociedad 
se reúne de nuevo en la casa de la señora 
viuda de Mijares donde se baila hasta la 
una de la madrugada. 

Ya os lie diclio lo que es un baile en 
Tinaquillo. Y, ¿á qué repetirlo, si todos 
sabemos la amarga verdad del Dante : no 
hay mayor desventura que recgrdar, etc? 

Digamos adiós, ahora por última vez á 
estos parajes, llenos todavía de ingenuida- 
des patriarcales, echemos la última lángui- 
da mirada al jardín florecido bajo cuya 
frescura se durmió un minuto la ñera de 
nuestra desgracia en dulce y fugitivo ensue- 
ño, y antes que la luz del día venga á 
delatar nuestro rictus doloroso, huyamos de 
aquí encomendando á la estrella de la 
mañana que aún brilla en el cielo claro- 
oscuro, los votos espirituales (pie al partir 
hacemos mientras nuestro caballo rima un 
tardo pasitrote por la verde sabana 

Necesitamos poner fin á estos apuntes, 
y hemos de pasar omitiendo detalles hasta 
Tocuyito. 



34 

Allí esperan al Presidente de la Repú- 
blica, el del Estado Carabobo, Doctor R. 
González Pacheco: su Secretario General, 
León Paz Guerra ; el Gobernador del Dis- 
trito, Francisco Feo ; el Presidente del Con- 
cejo, Gonzalo de Castro, y una multitud más 
de ciudadanos de todos los círculos de Ca- 
rabobo. 

En el alojamiento destinado al Presidente 
y su comitiva hay un almuerzo. También 
hay damas y música, y como «no solo de 
pan vive el hombre», se baila, sin que para 
el homenaje á Terpsícore sea óbice la hora, 
cálida en extremo; la marcha forzada que 
acabamos de hacer, ni los arreos campales 
que no hemos tenido tiempo de abandonar. 

«No sólo de pan vive el hombre», pero á 
veces el hombre no puede vivir sin el pan. 

Es medio día. 

El Presidente se sienta á la mesa. Mien- 
tras se hace honor á las viandas, la orques- 
ta dice atrabiliariamente unos valses regio- 
nales y el champang bulle en el charlatán 
bacarat. 

De súbito la música cesa, y una dama di- 
rige al Presidente la palabra, una palabra 
desenfadada y rotunda, para decirle á nom- 
bre de Tocuyito frases de gratitud y de ca- 
riño, frases de partidarismo, que terminan 
con una afectuosa despedida. Esa dama es 
María Agreda. 

Tocado en lo más íntimo por el verbo elo- 
cuente de María, el Presidente se pone de 



ob 



•pie, y responde á la joven verbigeiitil, con 
una improvisación de soldado y caballero, 
en la cual tuvo los matices del lenguaje ofi- 
cial y de la más fina galantería. 

Inspirado en el juego verbal de la Mujer 
y del Héroe, León Paz Guerra, Secretario 
de Gobierno en Carabobo, y orador de fácil 
concepción, hablo para decir en síntesis, que 
Castro había obtenido en Tocuyito otra vic- 
toria : la conquista de todas las voluntades. 

El Presidente de nuevo en pie, consigna 
todos sus triunfos en aras de su Patria y de 
su Causa, repite que él pide la uni(5n de to- 
dos, no para bien particular, sino para ven- 
tura y prosperidad de la República. 

Los aplausos asordan. . 

El almuerzo concluye, y bajo el cielo azul 
•de Carabobo, bajo el mismo ardiente sol que 
hizo brillar un día las armas de los patrio- 
tas de la emancipación, salimjps de Tocuyito 
por tierras consagradas, camino de la villa 
de Valencia. 

A las cinco de la tarde llegamos á la ca- 
pital de Carabobo. 

El Presidente entró en carruaje. Otros 
carruajes y muchos jinetes le hacían escol- 
ta de honor. 

Músicas y voces, banderas y arcos triun- 
fales, alegran la ciudad. 

Las multitudes se apiñan al paso del co- 
che presidencial. 



En una avenida de la Plaza Bolívar un 
orador le da la bienvenida. El Presidente 
responde á la cortesanía popular con un dis- 
curso lleno de sinceridad y patriotismo. 



La nota culminante de nuestra estada en 
Valencia fue el Recibo ofrecido á aquella 
sociedad el 17, por el General Cipriano 
Castro. 

El local escogido para este acto fue el 
«Club Centro de Amigos». 

Antes de nuestra llegada ya el señor 
Emilio J. Maury estaba en Valencia deco- 
rando los salones de la fiesta. Y he de 
repetir mis propias palabras al trasmitir 
por telégrafo 'mi impresión de ese día : el 
artista imprimió al bello local, el mágico 
cacliet restaurador. 

A las cuatro de la tarde empezó á afluir 
la concurrencia, y nunca como entonces 
pudo decirse que allí se congrego á la invi- 
tación del Andino Esclarecido, la flor de la 
sociedad valenciana. Toda la aristócrata 
ciudad calumniada de apática, ó remisa á 
las expansiones del espíritu, allí estaba 
luciendo ia gloria de sus blasones v el es- 
plendor de sus bellezas. 

A completar el sugestivo cuadro vinieron 
algunas señoras y señoritas victorianas. 

Una selecta orquesta bajo un kiosko ar- 
tísticamente levantado en el centro del 



37 

patio principal ejecuto un variado programa, 
no sin perjuicio de que la Banda «Castro» 
tomara participación en los descansos de 
.aquélla. 

Cuando la tarde murió y empezó la 
noche, la belleza del Club se aumentó, gra- 
cias á la iluminación profusa y multicolora 
de las lámparas eléctricas, escondidas entre 
las flores como luciérnagas. 

A las ocho de la noche se sirvió una cena- 
Evitamos todo encomio á la riqueza y 
abundancia ele esa cena, pues ya es de 
presumirse sabiendo quien fue el anfitrión. 

Tras el exquisito refrigerio volvió la danza, 
y no fue sino hasta después de media noche 
cuando terminó el suntuoso líecibo del Pre- 
sidente. 

El sábado fue consagrado al descanso, 
como en el tiempo genésico. 

Y el domingo al amanecer, salió el Gene- 
ral Castro acompañado de su comitiva para 
esta Caracas que atrae como un abismo y 
en cuyos brazos muelles, nos sentimos vi- 
vir como en las garras suavísimas de un 
pulpo. 

Ya nuestro Director dijo en síntesis bri- 
llante nuestro camino de Valencia hasta 
aquí. Su pluma describió en período digno 
del asunto, el paso del Magistrado por La 
Victoria. Con ese editorial terminan estos 
apuntes, hechos atropelladamente, obede- 
ciendo á la tiranía del diarismo que no nos 



38 

permite vestir meticulosamente la frase- 
con que nos hemos encariñado, y la cual 
sale á la escena pública, como hija huérfa- 
na, haraposa y desharrapada. 

Al comenzar mis apuntes prometí lo que 
no he cumplido : hacer conocer de los lecto- 
res de El Constitucional las ventajas que se- 
derivan de estos viajes presidenciales. 

He tratado de pintar la faz sportiva de la 
excursión, pero nada he dicho de los prove- 
chos alcanzados por los pueblos recién visi- 
tados por el Presidente. 

En mi próximo artículo que será el bro- 
che de esta información se verá cómo el Ma- 
gistrado Restaurador va sembrando de be- 
neficios los lugares que recorre, viendo SUS' 
necesidades y predicando como un apóstol 
la unión entre los hombres de buena vo- 
luntad. 



DEDUCCIONES 

: ^ egresemos espiritualmente por cada uno 
q de los lugares recorridos por el ciudada- 
no Presidente de la República, y traigamos 
á este final de nuestras notas el recuerdo de 
los hechos que han de probar las ventajas 
de los viajes presidenciales. 

Apartemos el provecho político que de 
ellos derivan Pueblo y Magistrado. Dejemos 
á la consideración pública el analizar la 
fortaleza del vínculo que forma el íntimo 
cambio de ideas entre el Gobernante y sus 
gobernados. 

Dejemos todo su intrínseco valimiento á 
(da conquista de voluntades» que va hacien- 
do por todas partes el carácter sencillo é 
insinuante del General Cipriano Castro. Es- 
peremos que el tiempo dirá elocuentemente 
como en Aragua, Carabobo y Zamora no 
tiene ya la Restauración ni siquiera adver- 
sarios sistemáticos, y entonces sabremos co- 
mo por obra de sus visitas, ha podido el 
Jefe del País hacer de sus adversarios de 
ayer, amigos personales que «lo respetan 
porque es grande, y que lo quieren porque 



4o • 

es bueno.» Que lo admiran porque el les 
cuenta sus proyectos, todos tendientes á la 
buenaventura de la Patria ; que lo compren- 
den porque les habla en lengua llana como 
un viejo camarada ; y que le prometen ad- 
hesión porque lo saben fuerte y hábil para 
ser encaminador de multitudes por caminos 
llenos de esperanzas y de gloria. 

Psicológicamente estudiando, se compren- 
de que nuestro pueblo es tímido y orgulloso. 
El Presidente de Venezuela en la «turris 
ebúrnea» del Palacio de Gobierno, es para 
la generalidad tímida y orgullosa, algo que 
está muy lejos, unas veces porque nuestra 
pobreza de ánimo nos distancia de él, y otras 
porque nuestra sobra de orgullo no nos deja 
ni siquiera pensar en la solicitud de un me- 
dio para llegar hasta el. 

Y así vivía el Presidente, conocido de su 
pueblo á veces solo, por la leyenda de la 
oposición, que siempre tiene á la mano para 
el Jefe del País el pomposo título de Tirano. 

Por allá, por mi pueblo, un Presidente era 
tenido como un déspota; los periodistas ad- 
versarios lo pintaban con gesto trágico de 
monstruo, y en la imaginación simple de 
mis paisanos la grotesca caricatura, que tam- 
bién podía ser un fiel retrato, se grababa 
indeleblemente. Y á veces esa conseja o 
párrafo de historia fue la fuerza que empu- 
jó hacia los montes en actitud insurrecta, a 
los que por allá pueden reunir para sacrifi- 
cios bélicos al llamado pueblo soberano. 



4i 

Palurdos rematados no creían que el Pre- 
sidente fuera un ser natural, y por el oscu- 
ro rincón de las aldeas llaneras lo suponían 
omnipotente é infalible, inexorable y terri- 
ble como Júpiter. 

Castro Ira acabado con esas rústicas bal- 
samías. 

No es él el primero que viajo por pueblos 
de Venezuela, pero sí lia sido el primero en 
penetrar en la gente de esos pueblos y tra- 
tar con ella mano amano. 

El 17 de junio, en su Recibo dado en Va- 
lencia en el Club «Centro de Amigos,» mien- 
tras la noble sociedad se entregaba á la 
danza, él desde una de las ventanas del 
Club sostenía diálogo cordialísim o con gente 
anónima de las «barras.» 

Un Presidente así cautiva á nuestro pue- 
blo que es tímido y orgulloso y (pie por tales 
razones quiere que de arriba le concedan lo 
que él no se atreve ó no quiere pedir. 

En todo el camino de Valencia á San Car- 
los, yo he visto el Presidente de Venezuela, 
detener la rápida marcha ríe su caballo, es- 
cuchar el ruego de un campesino, y luego 
poner en la mano de éste, treniulante y ru- 
gosa, una reluciente moneda de oro; yo lo 
he visto en las «Vueltas del Naipe» sofrenar 
su caballo, ante una chiquilla palúdica, erran- 
te por allí, para asombrar su ignorancia é 
inocencia dejando en su manita sucia otra 
brillante moneda de oro. 



42 

Aquí un grupo de mujeres lo llama, le di- 
cen que son huérfanas, le piden, y él les da 
junto con el regalo efectivo, el regalo de una 
frase cariñosa. 

En Tan arnaco raciona á una porción de 

enfermos y de ancianos que lo esperan allí 
a su regreso ; en las poblaciones de Zamora 
vacía su bolsa en dádiva discreta que nos 
hace saber el favorecido por sus bendicio- 
nes para el hombre generoso. 

Todo eso como particular, ahora como 
Magistrado, da á San Carlos la canalización 
de un río y el pavimento de una Plaza; da 
al Tinaco B. 25.000 para el Fomento del 
Distrito y reparaciones de la Iglesia ; da á 
Tinaquillo ¿suma igual; da á Toeuyito'* B. 
2.000 para la Iglesia; llega á Valencia y 
reparte B. 5 000 entre los asilos y las igle- 
sias de' San José y Guacara, y tres mil po- 
bres vergozantes remedian la sed de su mi- 
seria en el puro manantial de su piedad. 
Pasa por La Victoria y entre el entusiasmo 
de una rápida apoteosis decreta la carretera 
del Pao de Zarate que es para Ara pía un 
bien inmensurable. Y todavía como si todo 
eso fuera poco para darle prestigio á su 
viaje, tráese de San Carlos un manucristo 
valioso, el Testamento de Morillo, y lo envía 
como útil obsequio á la Academia Nacional 
de la Historia. 

Y todavía más, como advirtiera á su pa- 
so por Carabobo que en la columna levan- 
tada en la llanura inmortal falta el nombre 



43 

• 

esclarecido de José Antonio Páez, actor prin- 
cipalísimo en la batalla que aquella Colum- 
na conmemora, patriota y justiciero es pro- 
posito suyo desde entonces hacer la rectifi- 
cación histórica, llevando el nombre del 
Bravo Lancero a la espectacion délas gene- 
raciones en el simbólico monumento. 

Este solo hecho agiganta la figura moral 
de Castro, y hace valer su viaje. 

Páez, ya fuera de los juicios de los hom- 
bres, es merecedor de todo homenaje, y era 
mengua el olvido de su nombre, precisa- 
mente allí, en aquel campo, donde la fiera 
de su valor desgarro con su garra formida- 
ble el último girón de una bandera conquis- 
tadora. m 

Pobremente, queda descrito el último 
Viaje Presidencial, y de manera pálida he 
tratado de demostrar los provechos deriva- 
dos de él. 

Al cerrar estas líneas, ruego al General 
Cipriano Castro, se sirva aceptar este tra- 
bajo como una nueva manifestación jDerso- 
nal de su admirador de hoy y de mañana. 

RAFAEL SXLYA. 
Caracas: junio de 1904. 



VISITA 

DEL 

GENERAL CIPRIANO CASTRO, 

PRESIDENTE PROVISIONAL DE LA REPÚBLICA, 

AL ESTADO ZAMORA 



DESCRIPCIÓN DEL RECIBIMIENTO QUE HICIERON AL 

SUPREMO MAGISTRADO, 

DEL DÍA 9 AL 14 DE JUNIO LOS PUEBLOS DEL ESTADO 
POR L. ALVARADO 




¿NUNCIO OFICIAL 

>os zamoranos fueron no ha mucho sor- 
prendidos con la noticia de que el Pre- 
sidente de la República visitaría el territorio 
del Estado. Inusitado era el hecho y. raro 
por extremo. Desde los tiempos del Gran 
Demócrata no se registraba un acontecimien- 
to de esta suerte; y tratándose del actual 
Presidente doble importancia había de tener 
la visita oficial que se anunciaba. 

¿ Podrá un simple cronista describir esta 
gira presidencial con la propiedad que es 
menester? Ensayaremos á hacerlo y á cum- 
plir, en la medida de nuestras fuerzas, la 
tarea que otra vez se imponían los antiguos 
escritores de la madre patria, cuando llenos 
de entusiasmo narrábanlos viajes de los re- 
yes católicos al través de la Península. 

PSEPA3ATIV0S 

Los pueblos del Estado se preparan, pues, 
£ recibir al noble huésped, con la iniciativa 
del Presidente Provisional, Doctor Aquiles 



4 s 

Iturbe, quien dirigió las invitaciones res- 
pectivas á las Secciones del Estado y a va- 
rios personajes de fuera del mismo. Se 
nombro una Junta Directiva para la recep- 
ción, y el 29 de mayo fué redactado el pro- 
grama correspondiente, (pie sufrió después, 
en su ejecución, ligeras modificaciones. 

Movidos por el deseo de ver y conocer al 
Presidente afluyeron á la capital del Estado 
muchos ciudadanos y comisiones especiales 
de los diferentes distritos. Todos aspiraban 
a porfía á asistir a esas festividades de la 
paz y dar pruebas ellos mismos de su amor 
á las instituciones y su respeto al Gobierno. 

EKTBADA AL ESTADO 

Divulgada que fué la llegada del Presi- 
dente á Tinaquillo, fuéle enviada una comi- 
sión ad Jioc para recibirlo y presentarle sus 
respetos. Componíanla los señores Generales 
Emiliano Azcunes y EíiseoBorjas, Doctores 
Luis María Sosa Díaz, M. Villasana y César 
González, Bachiller P. P. del Rosario, Pe- 
dro Manuel Pojas, Coroneles J. M. Moreno 
y Rafael Montenegro, Bachiller Juan Pedro 
Quintero y Doctor P. Rangel. 

Muchos de los que estaban ya en la capi- 
tal se adelantaron al Tinaco, y varios otros 
siguieron el día 8 por la tarde, en unión del 
Doctor iturbe, hasta el río Tamanaco, que 
es la línea fronteriza del Estado por la par- 
de Carabobo. Entre los último > se contaban 
el General Salvador Barreto, 2-> Vicepresi- 
dente del Estado, el Doctor Guillermo Ba- 



49 

rreto Méndez, Gobernador de la Sección 
Cojedes, el General Juan José Briceño, Co- 
mandante ele Armas, Doctor Francisco J. 
Machado, Bachiller Ignacio Pedroza, Direc- 
tor del Eco de las Pumpas y L. Al varado. 
Entre los primeros recordamos á los señores 
General Carlos Manuel Cárdenas, Goberna- 
dor de la Sección Portuguesa, General Pe- 
dro Pablo Montenegro, ex-Presidente del 
Guárico, Coronel José Manuel Hernández, 
Cándido Uzcátegui Padrón, Eugenio Gon- 
zález Herrera, Modesto Barreto, Ignacio Nú- 
ñez, José León Macías y otros muchos. 

A corta distancia del río se levantaba un 
arco alegórico en el cual se leía esta ins- 
cripción : (( El pueblo zainorano saluda al 
siempre vencedor jamás vencido, salvador de 
la República. ¡ Salve ! Los fulgores de cien 
combates forman tu diadema de héroe». Dos 
retratos, uno de Castro y otro de Zamora, 
dibujados al creyón por el señor F. Ruiz, 
exornaban el arco, cuya traza y disposición 
mereció muchos elogios. 

Frecuentes lluvias entorpecían, mas no 
interrumpían, la general animación. A tre- 
chos aparecía el camino húmedo y fangoso, 
nublado el cielo, desorientado el viajero ; 
mas las espontáneas manifestaciones que 
se habían ideado para recibir el afamado 
huésped siguieron adelante con regularidad, 
y el 9 al amanecer había un grupo conside- 
rable a caballo á inmediaciones del arco, 
y unos doscientos hombres de caballería y 



/ 

quinientos de infantería colocados con mucho 
orden en las cercanías. 

Algunos de los que formaban la comitiva 
del General anunciaron con su llegada la 
aproximación de éste. Todas las miradas se 
dirigieron entonces con insistencia a Cara- 
bobo : se dirigían a la orilla opuesta del río, 
á la vuelta que hace el camino, á los inters- 
ticios que dejaba la maleza y el follaje. Al- 
gunos cohetes indicaron que ya era tiempo. 

A las 7 y media llega por fin el General 
Castro cabalgando una andadora muía é 
impetuosamente se lanzo a las turbias on- 
das del río. Un grito de ¡Viva el General 
Cipriano Castro! repetido por los circuns- 
tantes y secundado por las detonaciones re- 
sonó al punto. El Presidente, tan luego co- 
mo saludó y abrazó al Doctor Iturbe, siguió 
sin detenerse á la casa inmediata, donde 
estaba ya la mesa lista. 

«Por fin estamos en Zamora» dijo, y em- 
prendió luego una conversación viva y 
chispeante, á proporción que le iban siendo 
presentados algunas de las personas allí pre- 
sentes. 

PSIME3AS IMPSSSIONES 

No conocíamos personalmente al afamado 
Caudillo y pocas ocasiones le vimos después; 
pero imaginamos que á haberse encontrado 
por primera vez en presencia de pueblos 
orientales, le hubieran sin duda contem- 
plado con grandísima admiración y como 



5i 

•si fuera un predestinado mahdí. Los gue- 
rreros del Egipto concebían un verdadero 
«capitán en Kleber y con mucha dificultad 
en Bonaparte. La marcha triunfal de este 
último á lo largo del Nilo y sus fabulosos 
combates les llenaron de estupor. En medio 
del desenvolvimiento adquirido por el arte de 
la guerra y la ciencia de la política en las 
naciones occidentales, todo depende de la 
actividad del genio. 

El General Castro posee una extraordi- 
naria energía, aunque le place en ocasiones 
posponer a su popularidad el brillo de sus 
luchas y sus laureles de guerrero. 

Es al trabajo y la perseverancia á lo que 
>se debe en la mayor parte de kis veces el 
éxito que corona los esfuerzos del genio. 
Hay hechos providenciales, casi producidos 
por obra divina, (pie podrían verse anali- 
zados y razonarlos en «Los orígenes de la 
Francia contemporánea». Su acción sor- 
prendente, el prestigio de que rodean al 
que las ejecuta, el efecto que causan en las 
masas, las fábulas que ocasionan, todo con- 
tribuye á que se desfigure en mucho 6 en 
poco la filosofía de la historia, á que se 
-emitan ideas contradictorias sobre los gran- 
des caudillos, á que su obra apaiezca me- 
ritoria y laudable 6 al contrario perjudicial 
y reprobable. Hoy poseemos mejores mé- 
todos de investigación que los de que dis- 
ponían los inventores de los hombres 
providenciales. La evolución social se sigue 



52 

paso á paso, los factores que en ella inter- 
vienen se miden, se pesan y calculan; y 
tras esa investigación paciente é im parcial 
se valoran los hombres predestinados con 
el modulo de la inteligencia para concebir, 
de la energía para proceder, de la perseve- 
rancia para sobrepujar en trabajo á los 
demás y para llevar á cabo de esa manera 
los proyectos capaces de producir una gran 
reforma, una gran revolución. Así puede 
juzgarse el General Castro. 

Por nuestra parte, en dos cosas le liemos 
tributado sincera admiración y nuestro 
particular aplauso : en las reformas que ha 
hecho a la legislación civil y en su clemen- 
te actitud con los vencidos. Clemencia por 
cierto digna 11 del credo liberal, reformas de 
hecho oportunas para los oprimidos, para 
los ilotas del derecho moderno. La verda- 
dera gloria no es gloria sino cuando se hace 
humana, cuando confunde sus rayos des- 
lumbradores con la lágrima del desdichado, 
con el grito del moribundo, con el suspiro 
del lacerado, con la súplica del vencido: 
y el hombre más grande no es grande sino 
en el instante en que desciende para tender 
mano clemente á los excluidos del común 
bienestar. 

Bajo tales consideraciones hemos visto 
ahora al Jefe de la Restauración Liberal, y 
lo hemos hallado digno de su obra. ¿Pare- 
cerán exagerados tales elogios? A los que 
así lo crean y les parezca vana lisonja, nos 



53 

contentaremos con recordar las palabras 
,.<j ne en solemnes momentos vertid el poeta 

Ai posteri 
L' ardua sentenza (*) 

LA COMITIVA 

Entre las personas que formaban el sé- 
quito del General mencionaremos las si- 
guientes : El General Juan Vicente Góaiez, 
Vicepresidente de la República: los Docto- 
res Julio Torres Cárdenas y Rafael Revenga: 
ios Generales Graciano Castro y Jorge 
Uslar, hijo: los señores Antonio Pimentel 
y Felipe Casanova: los Doctores Carlos 
León y A. Carnevali Monreal: General 
Florencio Reyes: Eugenio Branger, Rafael 
Silva (Raúl Sanqja), Manuel J?. González, 
Andrés Antón ; y el Cuerpo de Edecanes, 
personas distinguidas, en las (pie tuvimos 
el gusto de ver al General Rufo Nieves y á 
los Coroneles Alberto Peraza, Elbano Nieto, 
Ascanio Galavís, Leónidas Vivas, Luis Ota- 
lora y Mariano Clemente. 

Se observo desde luego que guardia 
ninguna de honor escoltaba al General. 
¿Para qué? Guardia eran los zamoranos 
todos que hacían los honores de la mejor 
manera que podían, á su digno huésped. 
El detalle es sin embargo bastante sismifi- 
cativo y merece recordarse. 

A las 8 a, m. continuo el viaje. Sucesi- 
vamente fueron apareciendo filas de infan- 

.(*) Queda ala posteridad la dificultosa decisión. 



54 

tería en todo el trayecto que se extiende 
hasta el sitio del Topo. Cada cabana, cada^ 
vivienda, ideo la manera de engalanarse 
para ver pasar el cortejo. Los cohetes y 
detonaciones iban revelando de trecho en 
trecho el avance de éste. En Vallecito otro- 
gran golpe de caballería había tomado 
posiciones para aguardarlo. 

Pero nuestro viajero volaba, que no* 
andaba y para seguirlo era preciso galopar. 
Veíanlo atravesar maravillados como una 
exhalación, aquellos ginetes que, clavados- 
a la vera del camino, apenas tenían tiempo 
de victoriarlo y entreverlo; y soñaban tal 
vez asistir con él á una de esas terribles- 
cargas que muchos de ellos, viejos lanceros, 
habían otra vez dado, encabezados por un 
Froilán Barreto, por un Julio Sánchez, allí 
presentes ahora, o por algún otro centauro 
de esos que aún conserva Cojedes en sus 
pampas. Raúl Sanoja ha recogido la gra- 
nea expresión con que uno de aquellos 
ginetes hablando con otro ponderaba la 
celeridad del General Castro. «Compañero,, 
decía, pa poder alcanzar á ese hombre: 
vamos á tener que enlazarlo ! » 

EN EL TINACO 

El cañón aviso la aproximación de la ca- 
balgata al Tinaco, donde hizo su entrada á 
las 10 y cuarto. Empavesadas aparecían 
las principales calles de la población, sem- 
bradas de banderas tricolores, gallardetes y 
festones. El aspecto moderno de los edifí- 



55 

cios, la energía de los habitantes, y el en- 
tusiasmo que mostraban realzaba el festi- 
val. Muchas inscripciones alusivas al acto 
había á lo largo de las calles y en los más 
públicos parajes. Pondremos aquí algunas 
de ellas: 

«Los enemigos son los primeros que reco- 
nocen el mérito de su adversario ; por eso 
á Castro lo veneran todos los círculos.» 

«El más firme sustentáculo de un magis- 
trado es el aprecio de sus gobernados.» 

«Las espadas de Bolívar y Castro, cruza- 
das al través de la posteridad forman el arco 
triunfal de las repúblicas americanas» 

«Bienvenido sea nuestro invicto Jefe. Su 
obra es admirable : como Caudillo restauró 
la paz pública ; como Magistrado fundo es- 
ta era civil de unión entre todos los zamo- 
ranos. Viva Castro! Viva I turbe!» 

«El hombre que fatigo la fama con el eco 
de sus victorias tiene hoy, como Magistra- 
do, erigido en el corazón cielos venezolanos 
un altar de gratitud.» 

«23 de mayo de 1899 — Restauración — 
10 de diciembre de 1902 — Viva el General 
Cipriano Castro — Viva el Doctor Aquiles 
Iturbe.» 

Esta última estaba escrita en un arco le- 
vantado en la esquina del Doctor Barreto 
Méndez. Dos pequeños escudos que colga- 
ban de las columnas llevaban los dos vivas. 

Después de recorrer varias calles en las 
que fué ruidosamente aclamado, el General 



56 

fué á hospedarse en ia casa del señor Sal- 
vador Barrete 

LTOCH 

A la 1 de la tarde fué servido un lunch 
de cien cubiertos en el alojamiento del Ge- 
neral. Exquisita fué la cordialidad y la so- 
licitud que para todos se desplego. Oportu- 
namente se puso de pié el Bachiller Jesús 
María Blanco para congratularse en expre- 
sivas y decidoras frases con el Jefe del País, 
quién de seguidas tomó la palabra para con- 
testar. Sus ademanes vivos y nerviosos, su 
mirada profunda y severa, parecían indicar, 
é indicaban en efecto, esa afluencia de ideas, 
esa riqueza de pensamientos con que él se 
exhibe de ordinario. Dijo que no extrañaba 
aquellas demostraciones del pueblo zamo- 
rano, porque con ellas indicaba éste haber- 
se penetrado de sus ideales : que su corazón 
era del pueblo y que su fe no había desma- 
yado en medio de los conflictos internacio- 
nales que amenazaron la Patria : que si 
algunos extraviados no lo siguieron en sus 
propósitos y le hicieron guerra, fué por no 
haberle conocido; y (pie venía á confundirse 
entre nosotros para probar al mundo entero 
que habían terminado para siempre las 
guerras civiles. 

A los aplausos que acogieron las palabras 
del orador siguió un oportuno brindis del 
Doctor Iturbe que fué también muy aplau- 
dido. Después de manifestar que Castro 
era el único Caudillo que había tenido la 



57 

América después de la Independencia que 
podía parangonarse con los Jefes de las dos 
grandes hegemonías colombiana y argenti- 
na del continente americano — Bolívar y San 
Martín — y que como ellos era digno de re- 
cibir los homenajes de los pueblos, tributa- 
dos á sus hazañas bajo el arco del Ecuador, 
brindo por la Causa Liberal Restauradora, 
de la que dijo no llevaba en sus banderas 
inscripciones fabulosas para amedrentará 
nadie; pero que su fundador y sus adictos 
llevaban en sus corazones los estímulos del 
trabajo y el reconocimiento justiciero para 
las nobles virtudes. También brindo por el 
General Gómez y el Doctor Torres Cárde- 
nas, «colaboradores distinguidísimos del gran 
Caudillo.» • 

Durante este tiempo amenizaba el acto, 
la Banda Castro con piezas escogidas de su 
repertorio ; y en la noche, bajo los acentos 
de otra banda de música traída de Caracas, 
bailóse alegremente hasta las dos de la ma- 
drugada. 

CONVIESáEIONE 

El mismo día 9 había circulado la si- 
guiente invitación. 

«Doctor Guillermo Barreto Méndez, Go- 
bernador de la Sección Cojedes, tiene la 
honra, a nombre del Doctor Aquiies I turbe, 
Presidente Provisional del Estado, y de los 
pueblos que componen esta Entidad Fede- 
ral, de invitar á usted á un sarao que se 
dará en la casa de habitación de la señora 
Rita Arana de Lima en obsequio del Bene- 



5S 

mérito General Cipriano Castro, Presidente 
Provisional de la Kepública, la noche del 
siguiente día de su llegada á esta ciudad. 
Tinaco : 9 de junio de 1904.» 

El sarao comenzó el 10 a las 11 a. m. y 
se hizo notable por su lujo y animación. 
Nada faltó en el ambigú, que fue servido 
con liberalidad y buen gusto. El arreglo del 
local se había dispuesto de manera que á 
todos cupiera la comodidad y el placer que 
para ellos se buscaba. 

Recibían a las familias las amables seño- 
ras Amelia de Barreto y Josefa de Pedroza. 
Allí tuvimos ocasión de ver á las señoras 
Nicolasa L. de Méndez y Lastenia D. de 
Méndez, á las hermanas Aurora y Anita 
Barreto Méndez, singulares por su afabili- 
dad y cultura: á la graciosa Lastenia Mén- 
dez, á Luisa y Clemencia Cisneros, de ga- 
llarda apostura y suaves modales : á Juana 
Tuozzo que en sus facciones revela el hermo- 
so país patria de Mignon, «donde florece el 
naranjo)) : á Rosario Sosa Díaz, bella en su 
cortesanía, y nacida como para dama de un 
caballero andante; y en fin, para formar 
con todas un variado y rico bouquet, rico y 
variado como los colores y las formas que 
exhibe la región privilegiada en (pie vagan 
sus ensueños y esperanzas, mencionaremos- 
á las señoritas Carmen González, Ermelin- 
da y María E. Fernández, María Victoria 
y Concepción Barreto B., las Oramas, las 
Méndez Dorantes, Dolores del Rosario, Ra- 
faela María y Petra Barreto, Eloísa Arana 



59 

Dolores Moreno M., Norberta González, Ma- 
ría Moreno V., María Luisa González B., 
Ana María y Rosa Blanca Moreno S., Belén 
Salinas, Kosa Lizausaba y otras que no 
acertamos á recordar ahora. 

El programa musical era como sigue : 

«BAILE DEL TINACO 

Obsequio del Doctor Guillermo Barreta 
Méndez, Gobernador de la Sección Cojedes, 
á nombre del Doctor Aquiles % Iturbe, Pre- 
sidente Provisional del Estado, y de los* 
pueblos que constituyen esta Entidad Fede- 
ral, al Benemérito General Cipriano Castro. 

PROGRAMA 

Marcha Venezuela —Teodoro Rodríguez. 

Vals de introducción, Cantos de Himeneo — Czibulka. 

PRIMERA PARTE 

i 9 Vals Vida Palermitana — Czibulka. 

2? Cuadrilla Cadena de damas — Waldteufel. 

3? Vals María Ltdsa — Anglade. 

4? Polka Pizzicato— Waldteufel. 

5? Vals Cien atmósferas — Waldteufel. 



SEGUNDA PARTE 



6? Danz La Marquesita ■- Díaz Peña. 

7? Vals Reformas — Díaz Peña. 

8*? Cuadrilla La Familia — O. Metra. 

9? Vals Loin du Pays — Waldteufel. 

io. Polka Retorno al Campo — Bocalocci. 

ii. Vals Geranio — P. E. Gutiérrez. 

La orquesta será dirigida por el maestro Luciana 
Iriarte. 

El Tinaco : 10 de junio de 1904:». 

En el desempeño de este programa 
alternaba con la orquesta, durante el baile, 
la Banda Castro, hábilmente dirigida. Todo» 



6o 

pareció haber terminado en la tarde; pero 
el baile, que es la pasión de las hijas del 
trópico, tornó reencenderse en la noche y 
á las 12 se acallaron los últimos acentos 
de aquella esplendida velada. 

Haremos observar, como justo homenaje 
al genio ■ industrial, el empleo del gas 
.acetileno para el alumbrado que por prime- 
ra vez fue instalado entonces por el señor 
Rafael Méndez Figueredo, mediante un 
procedimiento diferente del de Roversi: El 
•ensayo tuvo un éxito completo. 

a sah caslos 

El día 11 á las 7 i salió el Presidente 
•del Tinaco hacia San Carlos. Análogas 
ovaciones le, fueron hechas en el trayecto 
á las que había recibido desde que penetró 
en el Estado. En Orupe, línea divisoria 
del Distrito capital, habíase levantado un 
arco en el cual se veían las imágenes de 
Bolívar y de Castro. En la parte superior 
se leía Pro Patria; y en los fustes de las 
columnas estas dos inscripciones: «Bolívar 
libertó cinco repúblicas; Castro hará de 
ellas la gran confederación Suramericana». 

«Bolívar libertó á Venezuela : Castro la 
ha restaurado. Los héroes completan las 
grandes obras.» 

Desde Orupe hasta San Carlos estaba 
tendido un cordón de gente de caballería, 
que sucesivamente fué repitiendo un pro- 
longado viva á Castro á proporción (pie el 
héroe avanzaba á la capital del Estado. 



6i 



LLEC-A2A A LA CAPITAL 



A las 9i a. ni. avistó elJefe de la Union 
la antigua villa do San Carlos. Más de 
cien personas á caballo y una multitud! 
de á pie se habían agolpado en las afueras 
de la ciudad. 

En la que fué antes plaza de Altagracia 
se detuvo el General Castro. El Doctor Jo- 
sé Manuel Montenegro, Secretario General 
de Gobierno, había subido á una tribuna y 
en su fácil, resonante y castizo decir habló' 
al General Castro á nombre de la Junta Di- 
rectiva de la recepción y á nombre y en re- 
presentación de los Altos Poderes del Estado 
y del pueblo zamorano. Daremos el resumen 
de esta arenga, en la que el orador sintetizo 
los más interesantes problemas <$ue envuelve 
la política del Estado. 

Después de poner en relieve la alegría, 
el amor y la gratitud de los zamoranos para 
con el Jefe del País, «fundador déla paz de 
la República, libertador del territorio patrio 
durante las ambiciones y el conflicto por los 
que atravesamos el año pasado y restaura- 
dor de las instituciones del país,» dijo que 
éste obedecía en su visita, no tanto á 
una aspiración de su alma, sino al cum- 
plimiento de un deber augusto, puesto que 
tanto los revesen las monarquías, como los 
presidentes (mi las repúblicas, estaban forzo- 
samente obligados á visitar el territorio pa- 
trio, para recojer en cada región las impre- 
siones y las necesidades de cada ciudad y 



62 

de cada pueblo ; y al tornar a la mansión 
■capitolina, llevar la evidencia objetiva de 
lo que es necesario hacer para encauzar a 
la nación por las corrientes de su progreso 
material y de su prosperidad futura, 

Dijo también que el grande Estado Za- 
mora, al reaparecer en el proscenio de la 
historia se mostraba rico en territorio, rico 
en hombres y rico en gratitud para con el 
General Castro; y que esa gratitud habrían 
<de confirmarla los hechos en medio de las 
infinitas vicisitudes que pudieran sobrevenir. 
Hablo i uego de la designación hecha por el 
General Castro de la ciudad de San Carlos 
para capital del Estado : ((designación abso- 
lutamente justa, conveniente y merecida»; 
añadiendo «oue désele las poéticas campiñas 
que bañan las linfas del Tamanaco hasta 
la selva umbría de San Camilo que fecun- 
dan el Teleo y sus anuentes, no hay en la 
parte austral del territorio patrio una ciu- 
dad con mayores condiciones que San Car- 
los para ser la mencionada capital : que en 
apoyo de esto están los testimonios de la 
geografía física, de la geología y de la higie- 
ne; y que si no bastaran los oráculos de la 
ciencia para el efecto indicado, él invocaría 
como testimonio fehaciente é incontroverti- 
ble, que San Carlos es la tumba de Ezequiel 
Zamora : que aquí cayó herido por el ángel 
de la muerte el padre de la Federación Ve- 
nezolana ; y que de entre los muros de esta 
ciudad heroica se alzó su espíritu entre res- 
plandores de gloria para ir á ocupar asiento 



63 

de honra en la mansión excelsa en donde 
viven las almas de Bolívar, de Páez, de Su- 
cre y de Kicaurte» ; y agrego luego que ha- 
bía procedido el Benemérito General Castro 
con estricta justicia al hacerla ciudad que 
es la tumba, del General Zamora la capital 
del Estado que lleva su glorioso nombre. 

Tres vivas á Venezuela, á la Paz y á la 
Restauración Liberal siguieron á este dis- 
curso, después del cual se puso de nuevo 
en marcha la comitiva presidencial y pene- 
tre) en la población en medio de ruidosas 
demostraciones de alborozo y de una salva 
de 21 cañonazos que á intervalos retumba- 
ba. El batallón «Castro,;) que hace la guar- 
nición de esta plaza, hizo al Presidente los 
honores militares en orden de «parada que 
accidentalmente mandó el 2 ? Jefe de las 
fuerzas del Estado, General Rafael A. Lago. 
Hospedóse el General Castro en la casa del 
Doctor Luis Fraino Figueredo. 

LAS ESCUELAS 

Poco después hubo de recibir los parabie- 
nes de los alumnos de las escuelas, á quie- 
nes representaban trece niñas, en señal de 
los trece Estados de la Unión. La que re- 
presentaba a Zamora, María Antonia Lia- 
mozas, llevó la palabra y dirigiéndose con 
despejo al General Castro, le dijo entre otras 
cosas: 

«Señor General : la histórica Sanearlos re- 
nace y los honrados pueblos de Zamora se 
incorporan, y como náufragos salidos del 



6 4 

fondo de las aguas se adhieren á la potente 
nave que lleva vuestros destinos y los des- 
tinos de la patria hacia los dominios del pro- 
greso y de la civilización de Venezuela. Son 
bellísimas las auroras que lucen sobre el cielo 
zamorano; y de ahí que todos los corazo- 
nes saluden en este día al salvador de la 
honra nacional, al hijo benemérito de la ciu- 
dad de San Carlos ; y yo en obedecimiento 
de la delegación que se me ha confiado, os 
saludo en nombre del Estado Zamora, en 
medio de mis queridas compañeras que en 
conformidad con un pensamiento simbólico, 
representan aquí los demás Estados de la 
Federación venezolana.» 

El Presidente agasajo á la alumna al ter- 
minar su discurso y oyó después el siguien- 
te soneto acróstico, producción del poeta 
Mauricio Pérez Lazo, que recito la niña 
Lola Pérez, quien representaba el Estado 
Táchira: 

fondor andino de potentes alas 
m raudo empuje, levantaste el vatio ; 
poderoso y audaz, vecino al cielo, 
gozaste el sol eu las etéreas salas ; 
h al ver sin cetro y sin sus regias galas 
í> la patria gemir, bajaste al suelo, 
turnen de amor, á sucumbir en duelo 
O á orlar su sien con el laurel de Palas, 
combatiste ; y atando la victoria 
j> tu corcel de guerra enardecido, 
tflobre un trono magnífico de gloria 
t-íe admira la nación que has redimido 
Raudas de luz alumbrarán tu historia, 
Qh egregio vencedor nunca vencido ! 



65 

Esta fué la recepción que, siguiendo una 
forma tradicional y uno de sus modos más 
sencillos, hicieron las escuelas al General 
Castro. 

DIVERSIONES POPULASES 

San Carlos y El Tinaco se liabían desafia- 
do con anticipación. Se habían desafiado en 
una serie de combates de gallos que á pesar 
de las condiciones desfavorables de la esta- 
ción, fueron convenientemente preparados y 
disciplinados por sugetos competentes. Los 
aficionados, que fueron numerosos, tomaron 
parte en este espectáculo, que se continuó 
al día siguiente, dando por resultado que 
de ocho peleas que se comprometieron ganó 
cinco San Carlos y tres El Tinaco. 

Después de los gallos, los toros, que se 
corrieron en la tarde y también el día si- 
guiente. No hubo por fortuna en este ejerci- 
cio del llanero, que tanto llama la atención 
del extranjero, ninguna desgracia (que la- 
mentar. 

La parte más humilde del pueblo tenía 
mientras tanto su hora de audiencia. Agru- 
pada á las ventanas del augusto viajero, 
contestaba á sus preguntas, recibía' sus dá- 
divas, admiraba su llaneza y afirmaba con 
ellos cada vez más el convencimiento de la 
popularidad que gasta el Jefe de la Restau- 
ración. 



TH-EBra 



El 12, á las Sh de la mañana fué la cele- 
bración del Te-l)euni (pie de antemano se 



66 

había acordado cantar en la Iglesia Matriz. 
Una gran muchedumbre colmaba las naves 
del templo, al que asistió el General Castro 
ostentando las condecoraciones del Busto 
del Libertador de P clase, y la medalla de la 
Constituyente y en medio de sus más dis- 
tinguidos acompañantes y de los altos fun- 
cionarios del Estado. 

Al comenzar canto el señor Antón con 
acompañamiento de órgano, una plegaria, 
paráfrasis española de Job, compuesta por 
el Maestro Eslava. Luego subió al pul- 
pito el Pbro. Doctor Leopoldo Lima Blanco 
y pronunció una oración sagrada cuyo texto 
vamos á transcribir á continuación: 

«.Ciudadano Presidente déla República: 

«Ciudadano Presidente del Estado: 

«Cuando las primeras lluvias humedecen 
la tierra, el labrador repasa con el arado el 
terreno que destina á la siembra, y luego 
sus manos derraman en los surcos que aca- 
ba de trozar, el grano que ha de producir 
más tarde cosechas abundantes. El tiem- 
po de las siembras es el de las esperanzas 
y deseos. La lluvia que ablanda el suelo, 
una noche que lo refresca, algunos copos de 
nieve que lo cubren con blanco y ligero velo, 
es bastante para despertar la confianza en 
el alma del celoso cultivador. 

«Hay también en la vida de las naciones 
estaciones privilegiadas en que el experto 
conductor que rige sus destinos, con marca- 



67 

do acierto digno del encomio y de la voz de 
la generación que vincula en el sus días de 
más preciadas glorias, siembra en los Cora- 
nes como en las inteligencias el germen que 
debe madurar el tiempo y de donde oportu- 
namente saldrán espigas llenas de codicia- 
dos frutos. Días gratos y perdurables re- 
cuerdos, esos en que el alma se llena de 
confianza y ensueños de penas y hermosas 
ilusiones, y regocijada entonces prorrumpe 
en cánticos de amor y gratitud un himno 
de fervientes bendiciones. Canta sí, como 
al amanecer de una hermosa mañana de pri- 
mavera, el pájaro cuyas alas se han extre- 
mecido al primer rayo de la aurora, se agita 
sobre las ramas y extiende bajo el follaje, 
envueltos en brisas de las flores, al compás 
del agua del arroyuelo que se desliza mur- 
murando y forma coronas de blancas perlas 
á las rocas que enlaza con sus brazos, sus 
amores y sus cantos. Así explicadas las en- 
tusiastas manifestaciones, así traducido aun- 
que imperfectamente el contento y la dicha 
de los hijos de la Sección Cojedes, del Esta- 
do Zamora, en este hermoso y próspero pe- 
ríodo de paz de que disfrutamos por la hon- 
rosa visita que se digna hacerle el Jefe 
Supremo que rige los destinos del país. El 
patriota distinguido que consagra las ener- 
gías de su juventud, las luces de su proce- 
rosa inteligencia y el temple de su levantado 
carácter, al brillo y engrandecimiento, al 
renombre y poderío de esta porción afortu- 
nada de la América del Sur : el guerrero 



6S 

ilustre que llegada que ha sido la hora de 
las desolaciones para la Patria convoca en 
torno suyo el ejercito, é inocula a favor de 
su ardiente palabra, así en jefes como sol- 
dados, la inspiración de su estrategia y ge- 
nio militar, la combinación admirable de 
sus planes y el fuego de su resolución, mar- 
cha y síguenle tocios ; nada es parte a arre- 
drar á los que él enaltece con su mirada y 
sus palabras: ni la inclemencia de las esta- 
ciones, ni las asperezas de la ruta, ni el 
número ni el valor de sus enemigos. Yence 
luego y la Patria, orgullosa de tal bravura, 
le lia recibido en su regreso con los brazos 
abiertos cabe los triunfales arcos de que ha 
sembrado el camino. Es por esto y para que 
la dicha ser. cabal y traduzca con más elo- 
cuencia lo fausto, lo trascendental de este 
acontecimiento que el ciudadano Presiden- 
te del Estado con acierto y lucidez ha que- 
rido unir al entusiasmo de la ciudadanía, 
al esfuerzo laudabilísimo de esta histórica 
ciudad, al noble orgullo y timbre de precia- 
das glorias que tan honrosa distinción cabe 
al Estado que dignamente preside, la coope- 
racidn de los Ministros del Altísimo y las 
plegarias y votos de la Iglesia. 

((Prodigio inefable del amor de Dios la ins- 
titución de la adorable Eucaristía ! De su fe 
en el sacramento de los altares, de la recep- 
ción del cáliz de su sangre, sacaron los pri- 
meros cristianos la fuerza heroica, sobrehu- 
mana, para presentarse espectáculo de los 
ángeles y délos hombres, en el anfiteatro á 



6 9 

ser pasto de las fieras. Y los grandes bien- 
hechores de la humanidad, esos hombres que 
han sobrepujado la talla común de su raza 
y se ven hoy tan grandes colocados en su 
pedestal, y que aparecen solo de cuando en 
cuando por disposición divina, en ese cáliz 
bebieron la constancia ó hacia ese taber- 
náculo volvieron sus miradas para vencer 
obstáculos que parecían invencibles. A ese 
tabernáculo se acerco Colon para descubrir 
el Nuevo Mundo, Juana de Arco para liber- 
tar la Francia, y Francisco de Asís y Do- 
mingo de Guzmán cuando pensaron fundir 
en el molde católico el mundo corrompido 
de su edad y Vicente de Paúl para la crea- 
ción portentosa de las hermanas de la cali- 
dad, de esas abnegadas mujeres, que llevan 
sus almas sahumadas con inciensos de ple- 
garias, que cambian en la mañana de su 
vida, su juventud, los halagos del mundo, 
los regalos del siglo, las rosas del semblan- 
te y el oro de sus madejas, por las lágrimas 
y los lamentos en esos asilos en donde sólo 
tiene su asiento el dolor, el desamparo y la 
orfandad. 

«En nosotros mismos y marcando dos épo- 
cas memorables que podemos llamar la pri- 
mera nuestro más dulce recuerdo, siendo la 
otra nuestra más consoladora esperanza, ve- 
mos también los prodigios inefables de esa 
sublime institución. En la mañana de la 
vida del hombre, como hermosa paloma blan- 
ca abandona el día fabricado en lo alto de 
la roca y viene á sacudir sus alas sobre la 



7o 

tierra, á batirlas sobre esas almas puras 
para hacer caer sobre ellas el bálsamo del 
amor divino, á posarse en sus tiernos é in- 
fantiles pechos para luego invitarlas á volar 
lejos de la tierra con rombo siempre hacia 
sus místicos alcázares. Si á ese día ventu- 
roso, á ese llamamiento amoroso, unimos el 
día y llamamiento en que blanca la cabe- 
llera, surcada ia frente, oscurecida la mira- 
da, de esta vida nos disponemos á entrar 
en la otra, del tiempo pasar á la eternidad, 
abandona el nido fabricado en lo alto de la 
roca y viene á traer otra vez bálsamo del 
amor divino, con cuya virtud y fortaleza as- 
ciende sin flaqueza hasta la cima déla alta 
montaña. 

o 

«Y á este acto grandioso, de gratas recor- 
daciones para el patriotismo y que inaugura 
un período brillante de ventura y floreci- 
miento para el Estado Zamora, la Divina 
Hostia ha venido también á darle realce, 
brillo y esplendor. 

«Yolvamos nosotros las miradas al taber- 
náculo en esta hora consoladora, en estos 
solemnes momentos ! Que contemplando con 
reflexión, con detenimiento, el sol eucarís- 
tico, somos nosotros cual prisionero que en- 
trevé por entre los espesos hierros de la reja 
de su cárcel el sol luciente de la mañana 
que alumbra los campos de la libertad. Y 
con nuestras voces las del angustiado pere- 
grino que perdido en la soledad del desierto, 
interroga á los ecos preguntándoles por el 



7i 

hospitalario asilo que divisó á luz del relám- 
pago en medio de las tinieblas de la noche. 

«Ciudadano Presidente : que la paz de 
que disfrutamos, la dulce paz hija del cielo, 
culto de las almas buenas y de los corazo- 
nes honrados, sol que dora las espigas de 
los trabajos del hombre, bajo el Gobierno 
que dignamente presidís, sea fecunda en 
beneficios para la Nación ! Que al amparo 
de vuestra sabia administración llegue el 
país para gloria vuestra y timbre de honor 
y gloria para los venezolanos, á su mayor 
grado de esplendor y engrandecimiento !» 

Cantóse en seguida el célebre himno de 
San Ambrosio y San Agustín en el cual ofi- 
ció el Vicario Pbro. Doctor Resino Cubas 
asistido de los curas párrocos del Rosario, 
Pbro. Juan R. Hernández, de Acarigua, 
Pbro. Calles, de Ospino, Pbro. Madroñero, 
y de Barinas, Pbro. Noguera. Por último la 
ceremonia terminó con un tantuii ergo, im- 
provisado por el señor Antón y con la ben- 
dición cucarística. 

RECEPCIÓN 

Al regresar á su morada el Presidente re- 
cibió al Concejo Municipal del Distrito que 
venía con el objeto de presentar el Acuerdo 
en que declaraba al General Castro «Hijo 
benemérito de la ciudad de San Carlos.)) 
Habló por la corporación su Presidente, se- 
ñor José Alberto González. «Tengo que con- 
fesaros con orgullo patrio, dijo en ese mo- 
mento, que para sancionar ese Acuerdo el 



72 

Concejo Municipal levanto un plebiscito en- 
tre los habitantes de esta ciudad, y todos, 
todos os proclamaron como hermano; y lo 
hicieron señor, porque conocen vuestra gran- 
deza, porque saben que lo habéis sacrificado 
todo en aras de la Patria, levantándola de 
la postración a que la habían reducido sus 
malos hijos, para colocarla en el puesto que 
le corresponde, por cuanto vale y por su his- 
toria, á vanguardia de las naciones del con- 
tinente americano. Así lo comprueban los 
hechos, así lo pregonan vuestros triunfos en 
los campos de batalla, en el terreno de la 
diplomacia, en la política interna y en la 
administración pública y así lo pregona 
también la reforma de nuestra legislación.» 

El Acuerdo mencionado había sido cali- 
grafiado por el joven B. Kamírez, colocán- 
dosele después en un vistoso cuadro. Al re- 
cibir éste dijo el General Castro, «que no 
traía riquezas materiales ; pero que traía á 
los zamoranos riquezas intelectuales, rique- 
zas espirituales y la riqueza del cariño : que 
su corazón era del pueblo, y que si al sacri- 
ficio iba el de San Carlos, tenía especial 
deseo de sacrificarse él á la cabeza de todos 
nosotros.» 

Otro cuadro que encerraba el retrato del 

General rodeado de laureles y de un gran 
pensamiento, le fué ofrendado por la Junta 
Directiva de las fiestas de febrero, á la cual 
repiesentaba en esta ocasión el Bachiller 
Menotti Fraino. 



73 

Tocó luego su tumo al Clero del Estado, 
al cual representaba el Señor Vicario y los 
venerables curas del Rosario, de Acarigua, 
de Ospino y de Harinas. Fueron recibidos 
con benevolencia por el hombre que tantos 
beneficios ha dispensado á la Iglesia vene- 
zolana y que con tanto acierto lia ejercido 
en diversas circunstancias el derecho de pa- 
tronato. 

BAILE 

El 11 había circulado profusamente la 
siguiente invitación : 

«Doctor Aquiles 1 turbe, Presidente Pro- 
visional del Estado, tiene la honra á nom- 
bre de los pueblos que constituyen esta En- 
tidad Federal, de invitar á uste¿ á un sarao 
que se dará en la casa de habitación de los 
señores hermanos Fraino, en obsequio del 
Benemérito General Cipriano Castro, Presi- 
dente Provisional de la República, la noche 
del día siguiente de su llegada á esta ciu- 
dad. San Carlos: 11 de junio de 1904.» 

El baile comenzó en efecto el 12 á las 9 
p. m. Se había puesto el mayor cuidado en 
aderezar lo más suntuosamente posible el 
edificio y creemos que no hubo, que desear 
en este particular. El buffet, el buvet y el 
vestiario estaban dispuestos con el mayor 
orden, gusto v abundancia. La iluminación 
era holgada y excelente, y en ella repara- 
ban diez y ocho focos de gas acetileno que 
despedían su luz blanca y tranquila en el 
local. De nuevo observaremos aquí el hecho 



74 

de esta instalación que hizo por primera vez 
aquí el ingenioso y modesto señor Ramón 
Méndez Figueredo, y en la que todo, á ex- 
cepción de los globos, los quemadores y el 
carburo de calcio, fué manufacturado aquí, 
empleando en la generación del gas el pro- 
cedimiento del Tinaco, bien que algo modi- 
ficado. 

Un retrato del General Castro, paramen- 
tado con razo amarillo, se destacaba en el 
fondo de la sala principal ; y en el centro 
del patio se levantaba un kiosco poligonal 
coronado de farolillos chinescos, remedando 
un fantástico y descomunal sombrero depie- 
rrot. De allí salían raudales de armonías y 
seductoras notas que invitaban a danzar. 
Flores y más flores, flores lindas y fragan- 
tes, hijas del trópico, flores imitadas, flores 
del jardín femenino de San Carlos y El Ti- 
naco, exhalaban su perfume y fascinaban 
la vista de los concurrentes. 

Allí notamos, de traje negro y azul, á la 
señora Ismenia de Fraino, y negro á las se- 
ñoras Guillermina de Díaz, Eugenia de San- 
taella, Eugenia de Cisneros, Carmen de Cas- 
tillo, Esther de Méndez F., Mercedes de Pé- 
rez, Carmen de Moreno, Tomasa de Quinta- 
na, Herminia de Sutil y Santos de Cordero. 
La señora María Luisa de Fraino, vestía tra- 
je rosado y blanco, la señora Josefa de He- 
rrera, azul con adornos crema : la señora 
Julia de Santaella, azul : la señora Eduvigis 
de Rodríguez, azul con lentejuelas del mis- 
mo color: la señora Josefa de Pedroza, ro- 



75 

sado y blanco : la señora Belén de Llamo- 
zas, surah verde-mar con franjas de gasa 
blanca: la señora Guillermina de Pérez, 
blanco con adornos azules : la señora Inés 
de Molina, carrubio y amarillo: la señora 
Mercedes de Peña, azul claro y negro : las 
señoras Carmen de Lerzundy y Josefina de 
González, gris con adornos blancos: la se- 
ñora Bárbara de Figueredo, crema con ador- 
nos azules. 

Pasemos aún adelante en esta rápida re- 
vista y recordemos á algunas otras de las 
jóvenes y bellas parejas. Las señoritas An- 
tonia, Elisa y Carmen Fraino formaban 
reunidas una suerte de emblema nacional, 
vistiendo la primera de seda roja con ador- 
nos crema, la segunda azul ceíbste y ador- 
nos blancos sobre la falda, y la tercera de 
color amarillo claro. De este último matiz 
era el traje de Leonor Sánchez : de carrubio 
y crema vestía Ana Josefa Sánchez : azul 
celeste con listas blancas guarnecido de pa- 
samanos perlados y gasa blanca, Luisa Cis- 
neros : rosado con listas y adornos de gasa 
blanca, Clemencia Cisneros : surah rosada 
con adornos crema, Julia Moreno : del mis- 
mo color, adornos de gasa y pasamanos do- 
rados y banda crema, Edelmira Calzadilla : 
rosado y blanco, Josefa Quiroz y Aurora 
Sánchez : negro y rosado, Lucía Lima : azul 
eléctrico, Carmen G. Molina : rojo, atavia- 
do en blanco, Lastenia Méndez : azul y blan- 
co, Isabel Cisneros y Aurora Barreto : azul 
marino, América Barreto y Josefa Quintana: 



76 

verde, Amada Barreto : rosado. Amparo Ba- 
rrete: punto blanco en fondo azul. Aminta 
Barreto: negro, María Teresa Herrera: sol- 
ferino, Lucrecia Pérez : carrubio y blanco, 
Juana Taozzo : carrubio y adornos crema, 
María Cordero : azul, Eva Cordero : amarillo 
de gasa, iluminado con galias rosadas y pa- 
samanos dorados y banda rosada, María 
Quiñones : blanco y rosado, Elisa Quintana. 

Ahora, ¿se quiere tener una idea del ca- 
rácter de la música y el género de las com- 
posiciones que se escogieron para aquella 
inusitada tiesta? Véase á continuación el 
contenido del programa que, impreso en 
cartulinas de coiores diferentes, volaba aquí 
y allá en el palpitante pecho délas damas, 
como nocturnas mariposas que aletearan 
ofuscadas en torno de la luz: 

BAILE DE SAN CARLOS 

Obsequio del Doctor Aquiles Iturbe, Pre- 
sidente Provisional del Estado Zamora, á 
nombre de los pueblos que constituyen esta 
Entidad, al Benemérito General Cipriano 
Casi: ¡-o. 

PROGRAMA 

Marcha Venezuela —Teodoro Rodríguez. 
Vals de introducción, Pomone — Waldteufel. 

PRIMERA PARTE 

i 9 Vals Loin du Pays — Waldteufel. 

2? Cuadrilla Sombras ehiíiescas — O. Metra. 

3? Vals Favorita — Díaz Peña. 

4? Danz La ñlarquesita - Díaz Peña. 

5? Polka Auieiiü Longehamps — Wohanka. 



77 



6? Vals Frisson de revé — Waldteufel. 

7? Danza Magdalena — T. Rodríguez. 

89 Polka Lzonesa—Q. Metra. 

9? Cuadrilla Balancez vos dames — Wohanka. 

io. Vals Le moisson — Desormes. 

II. Vals Siempre invicto — Díaz Peña. 

La orquesta será dirigida por el maestro Luciano 
Iriarte. 

Sau Carlos: 12 de junio de 1904. 

Rápidamente pasaban las horas en la 
embriagadora atmosfera que allí se respi- 
raba. La presencia de niuclias personas 
forasteras en la tiesta, de finos y galantes 
caballeros y de altos dignatarios, contribuía 
á que ni un instante se olvidase el trato 
más culto y aun ceremonioso. , 

A intervalos vertían las orquestas varia- 
das melodías, ruidosas á veces y regocija- 
das, 6 á veces melancólicas y dolientes, 
pero siempre henchidas de esa elevada 
magestad que tiene y sabe comunicar al 
alma el lenguaje de la armonía. Y rápi- 
damente huyeron las horas de embriaguez 
de aquella atmósfera arrobadora 

A altas horas de la noche á lo lejos, 
apagadas por la distancia, se escucharon 
las notas del valse Siempre invicto, mezcla 
feliz de la alegría criolla con la gravedad 
sajona. El baile tocaba á su iin. 

ÜK BOLETÍN 

Entre la primera y segunda parte del 
programa circuló un boletín del Eco de las 



7S 

Pampas que contenía dos telegramas, uno 
del Presidente de la República y otro del 
Ministro del Interior. No podemos pres- 
cindir de reproducirlos aquí, pues tienen 
gran importancia para apreciar las ideas 
que acerca de estos pueblos bullen en la 
mente del Jefe de la Restauración Liberal, 
á quien el periódico enunciado comparaba 
en su acción al Sultán Kebir, cuando á la 
manera del huracán, asombraba con haza- 
ñas increíbles a los habitantes del Cairo y 
á los soldados de Murad Bey. 

«San Carlos: 11 de junio de 1904. 

.Señor Doctor Lucio Baldó, Ministro de Re- 
laciones Interiores. 

c Caracas. 

Es preciso recorrer estos pueblos hijos de 
la labor y del trabajo, para comprender no 
sólo su índole honrada sino que también que 
la paz en Venezuela es inconmovible. Los 
recibimientos en todos ellos superan á toda 
ponderación, y me satisfacen porque com- 
prendo que son hechos más al individuo 
que al Magistrado. Todos sin distinción 
de colores políticos se confunden en íntimas 
satisfacciones y tienen á esmero superarse 
en hidalguía y caballerosidad. 

Así es como quería yo contemplar la 
obra de la Restan ración Liberal, y el Ma- 
gistrado que así vé traducidos en hechos 
tangibles sus esfuerzos y sus sacrificios está 
plenamente recompensado. 



79 

Venezuela, pues, en el camino empren- 
dido llegara sin duda al mayor alto grado 
de poder y de gloria á que le da derecho 
su historia de heroísmo y de grandeza. 

Su amigo, 

CIPRIANO CASTRO». 



«Caracas: 12 de junio de 1904. 

Señor General Cipriano Castro. 

San Carlos. 

Poseído déla más viva satisfacción con- 
testo su telegrama de ayer en el cual tiene 
usted á bien hacerme partícipe de las 
gratas fruiciones que embargan» su espíritu 
á presencia de las ruidosas y espontáneas 
manifestaciones que le hacen los pueblos 
en la actual visita presidencial. Empie- 
zan ya á dar sus frutos las semillas del 
bien, sembradas por usted con mano firme 
y providente en el exhausto campo de la 
República, y de ese florecimiento de la 
paz y del progreso, los pueblos siegan 
ahora solícitamente el más fresco laurel 
para ofrendárselo á usted. Ese homenaje 
que no brilla en mármoles ni en bronces 
pero que es más valioso, porque brota del 
fondo de todos ios corazones, es digno del 
héroe, y quienes lo rinden dan pleno testi- 
monio de que las virtudes cívicas renacen 
otra vez y de que la obra de usted es com- 
prendida el fin y apoyada por todos los 



8o 

hombres de buena voluntad; mayores que 
sus triunfos de guerrero y de Caudillo son 
estos que hoy conquista usted, en el afecto 
de sus conciudadanos, tanto más insólitos, 
cuanto que eran desconocidos en la vida 
política del País, triunfos que complemen- 
tan brillantemente el programa de la Res- 
tauración Liberal, pues secundado por todos 
los venezolanos, realizará usted sus ideales, 
de ver definitivamente constituida la gran 
Patria soñada por el genio vidente del 
Libertador. 

Como subalterno de usted tengo á honra 
presentarle las más entusiastas felicitacio- 
nes por el éxito de su visita oficial. 

Su adicto amigo, 

Lucio Baldo.» 

TRIBUTO A ISSanil 2Á1Í0SA 

Amaneció el 13 de junio. Un recuerdo 
grato y profundo de la fiesta quedaba en 
los corazones. A estos legítimos y vivísimos 
placeres del mundo civilizado, á estas ri- 
sueñas emociones (pie traía la visita del 
Presidente, era preciso añadir un recuerdo 
al pasado, á los que dejaron sentadas las 
solidas bases del edificio liberal á costa de 
su vida. 

El General Castro resolvió visitar la casa 
en (pie sucumbió el Valiente Ciudadano, y 

en compañía del General Gómez y de los 
Doctores Torres Cárdenas, Revenga. 1 turbe 
y Montenegro, se dirigió allí. 



El Doctor Montenegro es uno ríe los 
pocos supervivientes de la guerra federal. 
Era justamente el que departía con Zamo- 
ra poco antes de su muerte, en momentos 
en que éste observaba desde el templo de 
San Juan las posiciones del enemigo. 

El Doctor Montenegro, de pié en el atrio 
del viejo templo, comenzó su narración; 
y diciendo y haciendo se dirigid con el 
General Castro á las casas que sucesiva- 
mente ocupo Zamora, hasta llegar al sitio 
en donde recibió la herida mortal, y luego 
tornaron todos á la casa en que furtiva- 
mente fue enterrado el cadáver. 

Atentamente oía aquello el General Gas- 
tro, mostrando gran interés en el relato, 
en adquirir los menores detalles* del hecho, 
en poseer un conocimiento exacto del me- 
morable acontecimiento, en aclarar los 
•errores que han prohijado banderizas pa- 
siones, en hallar algún día los restos del 
-General federalista. 

¿De donde vino la bala exterminadora 
que mató al Valiente Ciudadano? ¿Donde 
están los restos exhumados en 1868, donde 
el cráneo perforado que debía ir al Pan- 
teón? El Doctor Montenegro emitió fran- 
camente su opinión sobre estas dos cues- 
tiones, de que tanto se ha hablado en 
varias ocasiones. 

Parécenos que ese acto, sencillo y todo 
«como es, afectando el carácter de una sim- 
ple conversación, tiene una particular im- 



S2 

portancia entre todo lo demás que se regis- 
tra durante la visita presidencial. ¡ Qué 
honor, qué distinción, qué preeminencia, la 
que fué entonces acordada al Partido Libe- 
ral, y á las pocas reliquias que hoy quedan 
y han tenido la rara suerte de soportar las 
vicisitudes de la Causa, sus inminentes pe- 
ligros y la final salvación de sus principios! 

El General Castro ha probado en repeti- 
das ocasiones, su deferencia por esa históri- 
ca cruzada y por los que de buena fe corrie- 
ron á la tierra santa de la libertad á sostener 
la gloria de Bolívar y á combatir contra los 
que envidiosos de su fama, lo desconocieron 
como Libertador y lo proscribieron y con- 
denaron. ¡ Sea esta vez recordado con gra- 
titud por los que perennemente conservan 
en su pecho la llama sagrada que perdura, 
á despecho de la opresión en las aras del 
liberalismo! 

Con motivo de todo esto se cruzaron los 
siguientes telegramas entre el Doctor I tur- 
be y el General Juares : 

«San Carlos: 13 de junio de 1904. 

General Aquilino Juares. 

Barquisimeto. 

Me es en extremo satisfactorio manifestar 
á usted que he leído el telegrama que ayer 
dirigid usted al General Castro con ocasión 
de su visita al Estado Zamora. Sus ideas 
son muy del agrado de los zamoranos y re- 
flejan al propio tiempo la admiración que á 



83 

todos nos subyuga por el enérgico persona- 
je que hoy dirije nuestros destinos. Yo no 
sé que agregar á sus conceptos, sino (pie 
siempre habrá lugar para extenderse en es- 
tas consideraciones, ya que el General Cas- 
tro nos brinda ocasiones á cada momento 
de hablar de sus virtudes y de sorprender- 
nos con sus hazañas. Usted que ha sido un 
antiguo luchador de la Federación, recibirá 
sin duda con agrado la nueva de que el Je- 
fe Supremo ha visitado con particular inte- 
rés la casa en que murió el Valiente Ciu- 
dadano y que con ese motivo hizo opor- 
tunos v elocuentes elogios á los guerreros 

v DO 

de la cruzada federal. 

Permítame después de todo, General, que 
lo felicite de veras por estas y t semejantes 
ocasiones que usted tiene de complacerse 
en observar la marcha que lleva el carro 
triunfal de la Restauración Liberal. 

Su ami<ro, 

Aquiles Iturbe.» 



«Barquisimeto : 13 de junio de 1904. 
Señcr Doctor Aquiles Iturbe. 

San Carlos. 

Mi telegrama dirigido al General Castro 
era para mí un precepto á que está obligado 
todo servidor que sabe apreciar la justicia 
que se le hace á su Jefe y así mismo el va- 
lor de los pueblos que se le consagran ; de 
modo que, fuera del aplauso que tributo á 
las demostraciones de contento y cariño 



§4 

conque se agasaja allí alJefe de la Restau- 
ción, nacía he puesto de mi parte, porque, 
tanto los méritos de éste como la importan- 
cia tradicional de los que en ese Estado en 
los mayores peligros conservaron siempre 
inmanente el fuego sagrado de la idea fede- 
ral, son hechos gravados ya con caracteres 
indelebles en registro de la verdadera his- 
toria. 

No obtante acojo con samo beneplácito 
la desenvoltura galana y expresiva con que 
ha venido usted a ratificar cuanto expresan 
en el telegrama á que él se refiere, siendo 
lo más conmovedor para mí de lo que usted 
me comunica y que juzgo la mejor recom- 
pensa á las observaciones del Gobierno y 
pueblo que usted preside, como para todos 
los fundadores de la Federación, que hemos 
sobrevivido, el hecho de que el General Cas- 
tro, siempre oportuno para impresionar con 
actos sublimes, haya tenido suficiente no- 
bleza de alma para detener la desbordante 
alegría é ir a contemplar con veneración el 
lugar sombrío donde cayera examine el már- 
tir glorioso cuya desaparición destruyo la 
unidad de pensamientos que salva las Cau- 
sas y los pueblos y que hoy reanuda el hom- 
bre filosofo que con su inteligencia abarca- 
dura nada echa en olvido, que sea conse- 
cuente con lo sublime de su alta misión. 

Por todo lo felicito. 

Su amigo, 

A. Juares.» 



S5 

LA PAETIDA 

Hasta la tarde del 13 permaneció el Ge- 
neral Castro en San Carlos. A las 4 p. m. 
de ese día partieron él y su comitiva, y en 
poco más de una hora salvo la distancia 
que lo separaba del Tinaco. Allí lo recibie- 
ron gran número de amigos que con particu- 
lar alegría le acompañaron desde los arra- 
bales de la población hasta la morada que 
se le tenía preparada. Excepcionalmente 
despejado estuvo el cielo, y un sol puro y 
brillante favorecía los deseos del pueblo ti- 
naquero en el propósito de obsequiar como 
lo merecía el huésped distinguido. 

CON&EATULACIONES 

En todo esto se mostraron (\ la altura de 
su caballerosidad el Doctor Guillermo Ba- 
rreto Méndez y el General Salvador Barreto 
y todos los habitantes del Tinaco que á 
cada momento patentizaban su cordial hos- 
pitalidad. 

Vino entre tanto la hora de la comid a, 
(pie estuvo bastante animada. El General 
se había mostrado en varias ocasiones sa- 
tisfecho del cumplido recibimiento que le 
hicieron los hijos de Zamora; y exigía de 
consiguiente la cortesía corresponder á ese 
íntimo sentimiento y traducir la reciproci- 
dad en el contento que guardaba el corazón 
de los zamoranos. El Doctor Iturbe, á 
quien no se escapan estas oportunidades 
del buen tono, excitó a nuestro buen amigo 
el Doctor Sosa Díaz a que se hiciese inter- 



86 

prete de las ideas que en aquellos momen- 
tos flotaban en la opinión pública ; y acce- 
diendo á la excitación, el Doctor Sosa Díaz 
se expreso en estos términos: 

((Señor General : Ha creído el digno Pre- 
sidente Provisional del Estado un deber 
sacratísimo é indeclinable de justicia, ma- 
nifestaros por mi órgano á nombre de los 
pueblos que constituyen la agrupación 
zamorana, la expresión de la inefable 
complacencia que hemos experimentado 
con motivo de la visita con que nos habéis 
honrado y presentaros, al propio tiempo, 
el testimonio ingenuo y sincero de nuestro 
reconocimiento por la esplendidez con que, 
penetrado áq nuestras ingentes públicas 
necesidades, habéis acudido con mano pró- 
diga y reparadora a remediarlas. 

«Ya habéis visto como estos pueblos la- 
boriosos y honrados se han levantado á 
vuestro paso y se Iirii apresurado á mani- 
festaros en diversas formas, la decisión (pie 
á vos y á la gloriosa Causa de que sois 
Caudillo invicto, han prometido. Buscad 
en esas manifestaciones el sentimiento de 
ingenuidad (pie los ha inspirado, porque 
debéis saber, que la franqueza en su trato 
y en sus relaciones es ley para los sencillos 
hijos de las pampas. 

«Habéis surgido á los inmensos y vastos 
dominios de la historia en momentos excep- 
cionales en la vida política de esta tierra 
primogénita del Continente americano. 



37 

«Venezuela, olvidada de su pasado glorio- 
sísimo, manando sangre su corazón de 
madre, exhausto casi por el dolor el raudal 
de sus lágrimas, manchado el blanco cen- 
dal ele su nombre, rodaba por la pendiente 
del más espantoso de los desastres que 
puede llegar para un pueblo : en lo interior 
devorada por el cáncer de la anarquía, y 
en lo exterior la codicia más insana ame- 
nazando nuestra existencia como Nación 
soberana e independiente. Mas, la Pro- 
videncia que rige la suerte de la humanidad 
á través del tiempo y del espacio, vacian- 
do en sus eternos moldes la voluntad que 
lia de caracterizar cada una de sus etapas, 
os dio á la República para que la salvarais 
de las garras de una hegemonía extranjera, 
á las leyes para que les devolvieseis su 
suave imperio, á la paz, para que paseando 
vuestro corcel de guerra por entre el fragor 
de la metralla, la arrancarais, como dijis- 
teis en clásica fecha del patriotismo vene- 
zolano, «del seno ardiente de las batallas» 
y la impusierais sobre el desolado territorio 
de la Patria, señalando con las fulguracio- 
nes de vuestra invencible espada el derro- 
tero que ha de conducirnos á la cumbre de 
máxima felicidad á que está llamada por 
múltiples razones esta tierra, grande por la 
inteligencia de sus hijos y gloriosa y legen- 
daria por el valor de sus soldados. 

«Pero si todo ello cubre vuestro nombre 
con los laureles de Marte, dolorosos para 
vuestro corazón de patriota porque salpi- 



88 

cados están de sangre, no son menos las 
glorias que alcanzáis en el campo fecunda 
del civismo, al inscribir en vuestra bandera 
de gobierno, el programa tres veces magno 
de nuevos hombres para la salud de la Pa- 
tria, nuevos procedimientos para la dirección 
gubernativa, nuevos ideales para la resti- 
tución de la fe en la eficacia salvadora dé- 
los principios, y al extender como manta 
generoso sobre todos los dolores del pueblo 
y sobre todas sus desolaciones, los anchos 
pliegues del iris nacional, emblema de 
redención en manos de Bolívar y de santa 
rebeldía popular y de épico coraje, en las 
vuestras, al abatir como lo hicisteis, la 
soberbia altanera de los que, engreídos, 
sobre las cureñas de sus cañones, acaso 
quisieron renovar en el mundo de Colon el 
triste espectáculo de la infeliz Polonia. 

«Y ya veis vuestra obra : la República, 
rotos los eslabones que la esclavizaban 
sigue' con firmeza, la ruta de los grandes- 
pueblos ; las fiorecencias del trabajo brotan 
lozanas en campos ayer no más empapados 
en sangre patricida ; el himno del progreso 
hiende los patrios horizontes, conturbado 
no ha mucho tiempo por el estruendo de la 
fusilería y los aves de las víctimas; desa- 
rraigado de la conciencia nacional el espí- 
ritu de las revueltas ; una paz honrosa vi- 
vificando todas las fuentes de nuestro bie- 
nestar; y lo que es aún más halagador 
para el patriotismo, más consolador para 
nuestra futura grandeza, los venezolanos* 



8 9 

todos en torno de vos y en el amplio seno 
de la Restauración Liberal, acompañándoos 
a las grandes conquistas de la civilización, 
del derecho y de la libertad. 

«Señor General : Las manifestaciones con 
que hemos correspondido á la honra de 
vuestra visita, y a los beneficios morales y 
materiales que nos habéis dispensado tan 
generosamente, os revelarán también el 
contento de los zamoranos por la manera 
acertadísima como habéis constituido el 
Gobierno de esta Entidad, al frente del 
cual habéis colocado un joven, celoso de 
vuestro nombre y de vuestras glorias. 

«Habéis dicho que nos dejáis vuestro 
corazón y vuestros votos por nuestra ven- 
tura y prosperidad. Pues, bien, General, 
al despediros, llevad la seguridad de que 
los hijos de esta rica porción de la Patria, 
cuyo seno lacto con heroísmo á Páez, el 
centauro de las pampas, os quedan reco- 
nocidos por la nobleza y generosidad de 
vuestra conducta: que nuestra gratitud 
queda eternamente empeñada ; y que de 
hoy más, no sois para nosotros tan sólo el 
Primer Magistrado de nuestra Patria y el 
Jefe de nuestra Causa, sino que en el dulce 
campo de los afectos, sois también nuestro 
más grande amigo, nuestro más noble her- 
mano)). 

Contesto el General Castro diciendo «que 
él se explicaba el contento de esta rica 
porción de las pampas porque había lie- 



90 

gado para ella la época que ansiaba : que 
había algo muy grande que germinaba en 
su corazón de patriota y en su mente de 
político, que en su oportunidad lo sabrían 
los venezolanos : que más se ufanaba él de 
estas expansiones del espíritu bajo el impe- 
rio de la paz que de sus triunfos de soldado 
en los días de la guerra : que sus mayores 
triunfos conceptuaba que eran los conquis- 
tados en el campo del civismo : que la Causa 
Liberal Restauradora era una gran revolu- 
ción ; y que se despedía de estos lugares, 
no con un adiós, sino con un hasta luego». 

No falto entonces espacio para las Musas. 
El distinguido caballero General Pedro Pa- 
blo Montenegro improviso las siguientes 
redondillas, ^ que cayeron al terminar la 
comida como alegre espuma de champaña: 

«Levantemos nuestra copa 
y escanciemos á porfía 
todo el vino de la Europa 
y el de Asia y Oceanía; 

y el de África y América, 
y oh, hijos de la sabana! 
brindemos con voz homérica 
por la Patria americana. 

Por esa Patria bendita 
que tiene entre tantos Grandes 
el genio que necesita: 
tiene el Héroe de los Andes. 

Que venga la Europa entera 
con sus reyes y blasones: 
no será la vez primera 
que nuestra gente llanera 
rinda á caballo, cañones. 



9* 

La altura del Cundurcunca 
testigo fué de la hazaña 
y nunca volvieron, nunca, 
ios cañones de la España. 

Aunque venga Europa entera, 
no eclipsará nuestro astro, 
ni arriará nuestra bandera 
porque la sostiene Castro». 

Las expansiones no terminaron allí. A 
las 9 p. m. asistid el General Presidente a 
un baile que se improviso en la casa de la 
señora Rita de Lima, Esta nueva fiesta 
duro hasta la inedia noche, dejando así 
clausurados de espléndida manera los re- 
gocijos públicos de los moradores del Ti- 
naco. 

'Despedida 

El General Castro dijo adiós el 14 de 
junio al amanecer á sus complacientes 
huéspedes, y en compañía del Doctor I tur- 
be, del General S. Barreto, del Doctor Ba- 
rrete Méndez y del General Briceño, se 
dirigió á Tinaquillo. Una despedida de 
las más afectuosas tuvo lugar entonces para 
el Jefe del País, que se conquistaba ahora 
nuevas preseas de gratitud : para el Gene- 
ral Gómez, cuya naturalidad, firmeza y 
elevados sentimientos se imponen á cuan- 
tos le conocen: para el Doctor Torres Cár- 
denas, que ha sabido manejar los negocios 
públicos con prudencia y sagacidad al lado 
del Jefe de la Restauración : para el Doctor 
Revenga, cuya vasta instrucción corre pa- 
rejas con la estimación que universalmen- 



92 

te se le tiene ; y para todos, en fin, los que 
se hallaron presentes en los momentos de 
la partida. 

VITALIDAB 

El General Presidente se penetró bien 
de la vitalidad que el Estado Zamora exhi- 
bió en los pueblos que aquél hubo de re- 
correr. La actividad del Doctor Iturbe, 
su inteligencia, su cortesía y el aprecio 
que se ha conquistado y la manera como 
ha sabido despertar las energías de los 
pueblos encomendados a su mando, agra- 
daron sin duda al Jefe del País, que tam- 
bién acertó un día en sacar fuerzas de 
dónde nadie imaginaba que pudiese haber- 
las, ni existir. 

J^o se pretende, sin duda, haber hecho 
lo mejor en esto del recibimiento que los 
pueblos de Zamora han hecho al General 
Castro. Se ha hecho sinembargo lo más 
espontáneo y lo mejor que ha comprendido 
el carácter y el gusto de los zamoranos. 
Los grandes hombres con frecuencia atro- 
pellan inútiles ó lidíenlos ceremoi;iales, y 
van rectamente á donde les llama la estre- 
lla de su genio y la luz del porvenir. En 
un país republicano cabe más esta prác- 
tica ! y en ello todo podría descansar tran- 
quila y satisfecha la conciencia de los pue- 
blos del Estado, al pesar la inusitada 
esplendidez que dio á los actos públicos 
durante la permanencia del Presidente de 
la República en el suelo zamorano. Si más 



93 

se pidiera, podríamos entonces exclamar 
con el vate florentino: 

Non v' accorgete voi che uoi siarn'vermi. 
nati a formar 1' angélica farfalla 
che vola a la guistizia senza schermi. (*). 

BESULTADOS 

El General Castro destinó 25.000 bolí- 
vares al fomento del Tinaco y dispuso la 
canalización del río Cojedes y la construc- 
ción de un acueducto en la ciudad de San 
Carlos. Estas dos últimas obras están ya 
iniciadas, y en este momento practica los 
estudios científicos indispensables el inte- 
ligente ingeniero Doctor Eneas Iturbe. 

Para mejorar y reparar los templos de 
Ospino y de Barinas se destinaron 4.000 
bolívares á cada uno. 

En los archivos del Registro de San 
Carlos se encontró el expediente notarial 
del Escribano público Don Manuel Pinero, 
correspondiente al año de 1821 donde está 
incluido el testamento del General Pablo 
Morillo. Este documento fue destinado 
por el General Castro á la Academia Na- 
cional de la Historia. 

Permítasenos mencionar también que 
dos antiguos liberales, prisioneros por cau- 
sas políticas en el Castillo Libertador, fue- 
ron vueltos á la libertad en los días que 



(*) No os acordáis que somos el gusauo destinado 
á formar la angélica mariposa que volará sin tropiezo 
hacia la justicia. 



94 

permaneció en San Carlos el Primer Ma- 
gistrado de la República. 

Ahora una ele las más halagadoras no- 
taciones ha sido el aprecio singular que se 
supo captar de los pueblos del Estado, el 
General Castro. Ño será ciertamente el 
oro, ni el terror, lo que produzca tal resul- 
tado en el carácter del llanero, que se paga 
más bien de la justicia y la caballerosidad, 
de los bienes de la instrucción, y del afecto 
de los Magistrados, ó como se expresó el 
mismo General Castro de las riquezas in- 
telectuales y morales que les ofrecía en su 
visita. El arte de arrastrar las masas, de go- 
zar de la confianza de los pueblos, es arte de 
las almas que desprecian el peligro, que se 
muestran altivas contra el ensañamiento 
del orgulloso ó el opulento, sencillas y tri- 
viales con la cortedad del humilde ó el des- 
valido, consecuentes e invariables con los 
amigos de las pasadas luchas, celosas de 
obtener de los legisladores todo el bien que 
ha menester el pueblo, ávidas, en fin, de 
la gloria, por lo que ella es. El pueblo 
zamorano — estamos seguro de ello — no se 
ha engañado en sus afectos, ni en la leal- 
tad que profesa á su ilustre huésped. 

L. ALVARADO. 

San Carlos: junio 25 de 1904. 



ÍNDICE 



I UST ID I O IB 



PRIMERA PARTE 

Pág. 

De Caracas á Valencia 3 

De Valencia á Tinaquillo 10 

De Tinaquillo á Tinaco 17 

En San Carlos 24 

De San Carlos á Caracas 31 

Deducciones 39 

SEGUNDA PARTE ° 

Anuncio Oficial 47 

Preparativos 47 

Entrada al Estado 48 

Primeras impresiones 50 

La Comitiva 53 

En el Tinaco 54 

Lunch 56 

«Converzazione» 57 

A San Carlos 60 

Llegada á la Capital 61 

Las Escuelas 63 

Diversiones populares 65 

Te-Deum 65 

Recepción 71 

Baile 73 

Un Boletín 77 

Tributo á Ezequiel Zamora 80 

La Partida 85 

Congratulaciones ... 85 

Despedida 91 

Vitalidad 92 

Resultados 93 



\J* 



wn|§s| 












: 



¡J 8KjjMj j gj__ 

" ' 

K5ÜS9 '■-iMítA-i.'SsHOTonf 
HIÍ11Í¡£§8 

gran 

■ f§| ' ;'■;'; 

P¡IÍi¡¡IÍiii 

iff995EI 

■' M ' :'" . " 

llf 



. ü " ;; '-.:v: 

fí999P ; 



rtiiif 




96361.1726000 



TIIH 13dVH0 iV O'N dO AllSH3AINn